24-01-2022 12:09:16 AM

El arzobispo en la “griila”

Por: Valentín Varillas

Lejos, muy lejos de su santa misión de salvar almas, el jefe de la Iglesia católica poblana, Víctor Sánchez Espinosa, se ha convertido en una auténtica celebridad de la política local.

O por lo menos así lo aseguran personajes de la más diversa ideología, que cuentan a los cuatro vientos que tienen amarrado su apoyo para perfilar con éxito sus respectivos proyectos personales.

Con una frecuencia atípica, el nombre de Sánchez Espinosa ha salido a relucir en las distintas mesas de análisis y planeación de estrategias rumbo al 2016.

Al parecer, el purpurado ha optado por la siempre camaleónica “prudencia” y ha seguido al pie de la letra un guión específico que se basa en decirle a quienes buscan su apoyo lo que quieren escuchar.

Misa 19-07-2015

No es la primera vez que el arzobispo opta por esta vía.

Cuando ha sido necesario, en distintas coyunturas, ha prestado sus “invaluables servicios” a las más diversas expresiones políticas.

Y es que, en esta Puebla medieval, el mundano activismo con sotana es una práctica común y de probada eficacia en la manipulación del imaginario colectivo local.

Una muestra de su poderío se ha dejado ver en la abierta intervención para intentar resolver temas espinosos para el gobierno estatal.

El purpurado fue una pieza fundamental en la estrategia que implementó el gobernador Moreno Valle para “componer” el tejido social y bajar la indignación ciudadana por las acciones tomadas en contra de opositores al régimen.

La estructura eclesiástica poblana se puso a las órdenes del mandatario, para utilizar su amplia influencia en sectores sociales en comunidades que se sienten afectadas por lo que consideran una política autoritaria ensayada con absoluta saña desde lo más alto del poder político local y que ha llevado a la cárcel a las voces disidentes.

Los casos en donde la operación de la jerarquía católica a favor de los intereses gubernamentales ha sido más evidente se dan en las juntas auxiliares de San Bernardino Chalchihuapan, Canoa y La Resurrección, comunidades cuyas autoridades se encuentran encarceladas por encabezar acciones de protesta en contra de la determinación legislativa de retirarles el control de los juzgados civiles y en los municipios de San Pedro y San Andrés Cholula, en donde habitantes tomaron la presidencia municipal para manifestarse por el proyecto de construcción del Parque de las 7 Culturas.

Para lograr “bajar los ánimos” y fracturar la unidad de los opositores, el arzobispo optó por utilizar a los mayordomos de las distintas parroquias -figuras de altísima influencia en la comunidad católica-, quienes en su momento dieron magníficos resultados.

Este invaluable servicio significó la recomposición absoluta de las relaciones entre Víctor Sánchez Espinosa y Rafael Moreno Valle, consideradas como “frías y distantes” desde el inicio de la actual administración.

Razones para justificar el distanciamiento sobraban.

Al hoy gobernador no le gustó nada el hecho de que el arzobispo mostrara una cercanía evidente con Javier López Zavala, en plena campaña por la gubernatura en el 2010.

Nueva Luminaria de la CatedralLa luz verde dada por el prelado para que el priista hiciera abierto proselitismo entre la comunidad católica, inclusive dejándose fotografiar con una imagen de la Virgen de Guadalupe fue apenas un modesto ejemplo de la buena relación.

Es más, en declaraciones a los medios, Sánchez Espinoza reconocía como “buena” su relación con Mario Marín Torres, avalando su gestión con un 8.5 de calificación.

Ya como gobernador, Moreno Valle tardó más de dos meses en recibir personalmente al jerarca eclesiástico quien pidió una y otra vez audiencia para entregar un documento que contenía la visión de la iglesia católico en torno a problemas de alcance social como la pobreza, la marginación y la inseguridad.

En noviembre de 2011, el mandatario envió al congreso poblano una iniciativa para modificar el artículo 342 del Código de Defensa Social para sustituir la cárcel por tratamientos médicos integrales a las mujeres que aborten en el estado, lo cual no fue bien visto por el arzobispo.

En el 2013, en otra coyuntura electoral importantísima para los intereses políticos del gobernador, Sánchez Espinoza mostró nuevamente que en su corazón latían fuerte los colores del partido tricolor al declarar públicamente que el candidato a la alcaldía, Enrique Agüera, era “un hombre de resultados”.

El enojo y la frialdad en las relaciones entre autoridades civiles y eclesiásticas regresaron, hasta que los asesores del gobernador comprendieron el enorme beneficio que podría significar para ellos la intervención del clero en comunidades consideradas como “focos rojos” en materia de gobernabilidad.

La pregunta obligada es ¿con quién jugará el arzobispo en la elección local del próximo año, la madre de todas las batallas?

¿A quién de los muchos a los que hoy promete apoyar, traicionará al final?

¿A cambio de qué?

¿Del equivalente moderno de aquellas famosas 30 monedas bíblicas?

abajovale

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