25-10-2021 10:44:17 AM

Todo por mi tanga I

Le conté a mi amiga Marta con pelos y señales, cómo aquel desconocido llegó a calentarme de la manera más inaudita y cómo del mismo modo, accedí a entregarle a cambio, mi tanga. 

– ¿Sí?, ¿Dígame?

– Hola Marta, chata, soy yo, Lydia… ¿Tienes algún plan para esta tarde?

– Hola guapa… ¡Cuanto tiempo!, pues no, no tenía previsto nada.

-¿Me acompañarías a comprar algo de lencería?

– ¿De lencería?, ¿Otra vez?, ¿No me digas que te vas a comprar más tangas?

– Pues sí…

– Vaya manía la tuya con las tangas…

– Jeje…

– Pero Lydia, hija, ¿Qué coño haces con ellas?

– ¡Ay, si te contara…!

– Huy, eso suena a que hay lío de por medio, ¿Eh?, ¿Que ha pasado? Venga cuenta, cuenta, guapita.

– Es que es muy fuerte, Marta, de verdad. Ya te lo contaré otro día, con más tiempo.

– De eso nada. No me puedes dejar así.

– Es que es un poco lío…

– Oye, ¿Me lo cuentas o qué?

– Pues es una tontería, Marta…

– Entonces… ¡cuenta!

– Verás… las he ido regalando… o digamos, esto… ¿cómo explicarte?… perdiendo.

– ¿Perdiendo las bragas?, ¿Pero qué dices?

– Lo que oyes…

– Pero ¿cómo? A ver, ¡explícate! No me vaciles, anda.

– Que sí, que eso, que he perdido más de 10. Ha sido de la manera más extraña.

– ¿Has perdido más de 10 tangas?

– Sí, pero no solo perdido… es que… no, no puedes imaginártelo.

– No, claro que no me lo imagino, me tienes intrigada…. pero soy toda oídos.

– Me da apuro contártelo, Marta. Solo de pensarlo es que me tiemblan las piernas.

– Lydia, por favor, no me vengas ahora con eso. Somos amigas. Cuéntamelo o no te dirijo la palabra nunca más.

– Pero si es una chiquillada.

– Razón de más. ¡Venga!

– Verás: recibí una llamada al móvil un buen día y se oyó la voz de un hombre, así como muy varonil, muy grave.

– ¿Ah, sí? Mmmm, suena interesante…

– Sí, pero me decía algo muy fuerte.

– Vaya, que intrigante.

– Pero cuando te digo fuerte… es ¡muy fuerte!

– ¡Ufff, madre!

– Decía literalmente: “Me apetece comerte el coño hasta que te corras en mi boca y después follarte bien follada… mmmm”

– ¡Carajo!, ¿En serio? ¡Venga ya!

– Te lo juro.

– Me dejas caliente, ¿Así sin más?

– Era una voz atrapante, totalmente desconocida, pero que lo dijo de una manera…

– ¿Y que hiciste?

– No sé, pensé que o bien se había confundido o era una broma de algún amigo, le pregunté quién era… sé que tenía que haberle colgado desde el primer momento, pero entre la intriga, esa voz y todas las cosas que me repetía…

– Pero ¿Aun te decía más cosas?

– De todo. Algo así como: “No me conoces putita, pero estoy seguro que te gustaría ver este pollón que tengo para tí… estoy seguro que desearías comértelo, un rabo enorme para ti sola, zorra…”

– Y fue cuando le llamaste “cerdo” y le colgaste, claro.

– Pues no, no podía, Marta. Había algo que me lo impedía. No sé el qué, pero no podía dejar de escucharle.

– ¡Lydia… no me lo puedo creer!

– Era superior a mis fuerzas, no era capaz de reaccionar… esa voz tan sensual y salvaje a la vez, esas palabras me estaban poniendo cachondísima. No te haces idea. Era incapaz de colgarle.

– Pero, ¿Donde estabas tú?

– Iba en el autobús…

– ¡Joder, qué fuerte!

– Y el otro me repetía una y otra vez: “Debes tener un coño apetitoso, muy jugosito, ahora estará mojado. Imagina como le estoy dando unas cuantas chupadas con mi lengua caliente, mmmm… debe estar delicioso ese chochito, ¿A que sí golfilla? dime ¿lo tienes mojado ahora?”

– Entonces fue cuando le mandaste directamente a la mierda… ¿No?

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