La cena I

PRIMERA DE DOS
Después de la intensa sesión de cine que nos dejó temblando a los cuatro, sobre todo a nuestro amigo “A” que se llevó una agradable sorpresa con nuestro juego, y sobre todo con la mamada con que le regaló mi esposa, aun tardamos unos días en volver a vernos, y no fue por falta de ganas, pero una de las reglas principales que nos habíamos impuesto, era no abusar demasiado de nuestros encuentros, pues todo llega a ser tedioso si se practica con frecuencia, y sobre todo no queríamos en ningún momento desentendernos de nuestras obligaciones familiares, esa era la primera regla, y la segunda (el sexo) se consumaría cuando tuviéramos tiempo para ello, que no ganas, pues precisamente eso, el morbo de la espera era lo que más nos motivaba mientras llegaba el momento y ciertamente, esa espera era la que potenciaba en todos nosotros un deseo sexual inusitado.

En casa por las noches, mientras cogíamos y comentábamos los detalles de lo que habíamos vivido y experimentado con la otra pareja, mi mujer y yo sentíamos como un agradable temblor de deseo irresistible nos invadía a ambos y eso nos hacía disfrutar enormemente en la cama. Así nos lo contaban nuestros amigos también.

Bueno, como decía, después de pasados unos días, que parecieron años, quedamos con Mari y su marido para cenar en un restaurante de la ciudad, era un martes, que es el único día en que mi esposa y yo podemos hacer fiesta debido a que nuestro negocio de hostelería no nos permite hacerlo de otra forma, así que con gran ilusión y también excitación, cómo no, nos dirigimos al local elegido para esperar la llegada de nuestros amigos.

Como era un día entre semana, no había muchos clientes, así que tuvimos la suerte de poder escoger mesa, y lógicamente, buscamos un rincón donde estaríamos fuera del alcance de cualquier mirada curiosa por si durante la cena surgía algún juego poco “convencional”, claro.

Nos sentamos sin quitarnos los abrigos y nos dispusimos a esperar a la pareja. Mi zorrita me comentaba lo excitadísima que estaba, pues tenía verdaderas ganas de hacer algo, lo que fuera, tenía la libido a unos niveles excepcionales, igual que yo, y me confesaba que no le importaba follar allí mismo. Me agarró el “paquete” que la verdad, ya estaba bastante duro y tuve que apartarla pues estaba tan cachonda que quería hacerme una mamada en aquél mismo momento.

Después de una espera que pareció eterna, llegaron Mari y el nuevo miembro del club, su esposo, sonriente y contento. Por supuesto, todos sabíamos lo que se avecinaba y el morbo ya se podía respirar en el ambiente.

Para empezar el juego de aquél día, y darle más misterio y expectación, debo decir que previamente habíamos acordado que las dos mujeres debían venir vestidas de forma provocativa, pero debían darnos la sorpresa en el restaurante, es decir, hasta que no se quitaron los abrigos, ni el marido de Mari ni yo sabíamos qué llevaban puesto (o mejor dicho, quitado), así que cuando se desprendieron de las gabardinas, nuestros ojos se abrieron como platos ante el espectáculo que nos ofrecieron.

No me entretendré en detallarlo todo para no extenderme demasiado, pero básicamente hablaré de faldas cortas, medias, ligueros y tangas, toda una exhibición para los dos hombres que ante tal panorama ya nos pusimos en aquel mismo momento como verdaderas motos.

Se sentaron, Mari a mi lado y su marido junto a mi esposa, cuidándose, con mucho descaro de dejar al descubierto sus bonitas piernas adornadas con las medias de rejilla y los ligueros que las sujetaban, tapándose ambas, después de mostrarnos todos sus encantos, con el mantel de la mesa para evitar miradas indiscretas del camarero que nos iba a servir la cena. Pedimos cada uno nuestro plato e iniciamos la cena con toda la naturalidad que pudimos, cosa difícil dada la situación, pero así lo intentamos.

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