19-10-2021 03:54:34 AM

Orgía en la Oficina

Llegamos al piso 17. Cuando se abrió la puerta del ascensor ya había fuera cuatro o cinco personas esperándolo. Yo no podía aguantar, me chorreaba el coño y en un minuto que las tuve puestas tenía las braguitas empapadas a despecho del salvaslip. De forma que les dije con un gesto que me siguieran y enfilé escopetada hacia mi despacho.

Nada más entrar me desnudé precipitadamente y me tumbé en el sofá diciendo:

-¡Venga, que alguno de los dos me la meta, ya!.

Fue el “ejecutivo” quien me tomó la palabra, se bajó los pantalones y se tiró sobre mí clavándomela hasta el fondo, grité de gusto. Pero el “macarra” no se quedó quieto, este se desnudó por completo y se puso, medio de pie medio inclinado. Al lado de mi cara arrimando su enhiesta verga a mi boca para que se la chupara, cosa que no dudé en hacer mientras sentía la polla del otro bombeando en mi coño.

Creo que tuve 4 ó 5 orgasmos, el más intenso fue cuando se corrieron al mismo tiempo el “ejecutivo” que me estaba follando se corrió sobre mis tetas y el “macarra” en mi cara y en mi boca. Pese a todo yo estaba como una perra en celo. Sería por la novedad, pero entendí que los tíos necesitaban otros “alicientes”, así que recordé que mi secretaria siempre estaba en el pequeño despacho de al lado, con comunicación directa con el mío, que nunca me había dado señales de que le gustasen esas cosas, pero podía probar…

– Esperad chicos – dije – a ver si animamos esto.

Fui al intercomunicador y llamé:

– Mari, ven a mi despacho en cuanto puedas.

No tenía la menor idea de cómo iba a reaccionar al vernos allí a los tres desnudos, pero soy mujer y conozco a las mujeres, sobre todo a las que tengo cerca. Se abrió la puerta de comunicación y entró la chica diciendo:

-Sí, dime Irene… – se quedó un tanto cortada al ver el ‘panorama’.

-Bueno Mari – dije – ya ves como estamos. Me preguntaba si querrías echarnos una mano.

-¡um! desde luego que sí – respondió.

Y uniendo la acción a la palabra le echó una mano a la polla del “macarra” que se puso tiesa de inmediato como impulsada por un resorte.

¡Um! sabía que tu ayuda sería decisiva – dije – ¡Venga, quiero que me la metas ahora que estás de nuevo en forma! ¿Te ocupas tú del otro Mari?

-Claro que sí. Venga, a ver si ponemos esa verga bien dura.

De inmediato se arrodilló ante el “ejecutivo” y empezó a hacerle una mamada de escándalo. Como ocupaban el sofá, el “macarra” me sentó sobre mi mesa de despacho, me hizo subir los pies a la altura de mi cabeza y me la clavó hasta el fondo sin miramiento alguno.

Grité como loca al sentir mi coño lleno de aquel pedazo de carne que se movía acompasadamente en mi interior. En mi vida había estado tan cachonda, y el espectáculo de Mari mamándosela al otro contribuía aún más a mi excitación. Me corría una y otra vez ininterrumpidamente, pero seguía queriendo más y más.

El “ejecutivo” se había corrido en la boca de Mari, pero la joven no se iba a conformar con eso. Sólo con su forma de desnudarse logró ponérsela dura de nuevo. De inmediato lo cabalgó entre gritos de placer y palabras subidas de tono que parecían excitarla más aún. Casi una hora después, con los dos hombres agotados y nosotras todavía ansiosas, Mari me dijo:

-¿Sabes irene? siempre te he visto como una mujer seria e inaccesible, pero desde que trabajo contigo he estado soñando con comerme tu coño. ¿Me dejarías?.

Nunca había tenido ninguna experiencia con otra mujer, pero estaba tan cachonda que en esos momentos hubiese dejado que me follase un perro.

-Claro que sí pequeña – contesté- a ver lo bien que lo haces.

Echamos al “ejecutivo” del sofá y me tumbé en él con una pierna sobre el respaldo y la otra colgando al suelo para ofrecerle mi chocho bien abierto. Mari se puso de rodillas en el asiento y hundió su cara entre mis muslos. ¡Qué maravilla! mi marido algunas veces, pocas, había hecho lo mismo, pero ni punto de comparación.

La joven sabía tan bien donde lamer, mordisquear, succionar, jugando al tiempo con sus dedos en mi culo, en mi vagina, que mis orgasmos eran continuos y sentí que me desvanecía de gusto. Ella tampoco dejaba de masturbarse con su mano libre. Ni que decir tiene que la visión de nosotras gozando como locas no dejó indiferentes a los hombres.

Al rato estaban junto a nosotras machacándosela a más y mejor. El “macarra”, viendo el tentador culo en pompa de Mari mientras me lamía, se la quiso clavar, pero ella, apartando un momento la boca de mi coño, le dijo:

-No, en el chocho no, métemela por el culo guapo.

No se hizo de rogar el mozo, al momento se la había metido en el culo con toda facilidad, se ve que la chica estaba acostumbrada a usar aquella vía de penetración. Yo, de paso que me corría una y otra vez con la lengua de la chica, le hacía una mamada al “ejecutivo” para que no se sintiese desplazado.

Otra de las consecuencias de mi inexperiencia era que a mí nunca me la habían metido por el culo, pero por los berridos de placer que daba Mari, me dije que tenía que probar también aquello, de forma que le dije a Mari:

-Nena me voy a poner de rodillas en el sofá, yo también quiero que me la metan en el culo.

-Estupendo, vamos las dos.

Así que con la cabeza y las manos apoyadas en el respaldo, de rodillas en el asiento y ofreciendo nuestros culos. Ya ni puedo decir cual de los dos me la metió. Sé que al principio me dolió un poco, pero luego resultaba delicioso al máximo. Las dos enculadas nos tocábamos el coño una a la otra y nos besábamos cuando nuestros gritos de placer nos lo permitían.

Tres o cuatro horas más tardes, después de mil orgasmos; también con cortos períodos de recuperación; se marcharon los dos hombres. Le dije a Mari que nosotras también nos tomábamos el resto del día libre.

De forma que volví a mi casa, a mi rutina de dama recatada… pero mi vida ya no volvería a ser la misma a partir de entonces.

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