22-09-2021 12:33:50 PM

El ocaso del PANtano III

EL CONTUBERNIO Y LA
AGONÍA DEL PEDIGRÍ

Durante mucho tiempo quien mandó realmente en el PAN poblano fue Ángel Alonso (el intrigoso). Él fue quien hizo posible que Javier del Castillo (el necio) se mantuviera como jefe orgánico cuando en 1998 a consecuencia de sus torpezas había perdido -en la práctica- la autoridad que por designación le había sido conferida.

Cuando Ángel se desempeña como presidente del CDE implementa los métodos despóticos que hasta la fecha prevalecen para que todo aquel que quiera avanzar o mantenerse en sus expectativas, se someta a los dictados de la Organización, que a partir de entonces, no fueron otros que los del grupo que desde hace tiempo denominamos “el PANtano” y que ahora está en extinción.

En ese periodo, en el que del Castillo (el necio) era jefe local y Alonso presidente del CDE, el Caimán era el jefe de los militantes yunquistas adscritos al PAN. Ángel (el intrigoso) con (el fracasado) Caimán hicieron rápida mancuerna. El primero soplaba al oído del necio las ordenes que éste debía emitir para provecho de su clan, mismas que al ser comentadas por del Castillo como propias en las juntas orgánicas, eran celebradas por el Caimán, aprobadas por la claque y llevadas a la práctica. (El timorato) Aizpuru no tenía noción de lo que sucedía entre sus subordinados.

Fue así como Alonso y el Caimán lograron el amplísimo control que ejercieron desde 1998 y hasta 2007 sobre el PAN y la Organización en Puebla, mismo que consolidaron primero con la connivencia de Ardavín (el pusilánime)  y luego con la plena complicidad de (el taimado) Velasco Arzac.

La destitución del Caimán -por más que se intentó disfrazarla- no dejó de ser oprobiosa y en la medida que se fue conociendo de ella, Ángel fue perdiendo poder e influencia. Esto se manifestó acremente en la fallida convención del 26 de abril del 2006, en la que se pretendía que Roberto Grajales (el yerno) del Caimán resultara electo candidato a diputado plurinominal.

En su lugar, supuestamente sería designado por el CEN Pablito Rodríguez Regordosa (el malogrado), quien -suspicazmente- quedó atrás de (el mosco) José Antonio Díaz García. La decisión -sin lugar a dudas- fue tomada por (el dictador) Manuel Espino y (el ladino) Eduardo Rivera Pérez, quien al concluir su periodo como presidente del CDE fue becado por Espino y enviado con su familia a España con fondos de los diputados panistas.

El contubernio del dictador con el ladino se concreta en los hechos, pues si bien a nivel nacional los becados son muchos, sólo uno fue distinguido poniéndolo a cargo de la EuroPAN o Red de panistas en Europa, lo que le daría influencia sobre todos los demás becarios y funcionarios panistas en aquel continente.

El dictador Espino se caracterizó tanto por sus tropelías, como por el control que ejerció sobre el PAN mediante un grupo cerrado que impidió el desarrollo de cuadros capaces de dar vida y proyección al partido y de gobernar eficientemente.

Bajo la égida de Espino, el PAN fue el partido que más juicios tuvo que enfrentar ante el Tribunal Electoral en contra de su dirigencia y en defensa de los derechos de sus miembros, todo ello sucedió con el beneplácito orgánico de (el taimado) Velasco con la connivencia -primero- y complacencia después de (el pusilánime) Ardavín, quien desde entonces disfruta de ser rey sin molestarse en gobernar.

Estas prácticas y acontecimientos han arrastrado al PAN poblano a sucesivas y humillantes derrotas, que no obstante permiten a la Organización mantener amplio control sobre el partido a pesar de que el CEN les fue arrebatado por el calderonismo en la persona de Germán Martínez Cázares, por lo que es pertinente y oportuno preguntarnos…

¿Quién manda ahora en el PAN y en el Yunque poblanos?.

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