22-09-2021 12:10:43 PM

El ocaso del PANtano II

¿ACASO MANDAN LOS JEFES?
Ser el jefe no es lo mismo que ser el que manda. Muchos jefes lo son por designación, por herencia o por casualidad, pero quienes realmente mandan lo son por causalidad, es decir, hay causas, precedentes, razones y facultades eficaces que hacen posible que sean obedecidos.

La pusilanimidad de Bernardo Ardavín le ha llevado a ser copado por la taimería de Velasco Arzac, quien después de una vida como burócrata de la COPARMEX se descubre con la capacidad de aprobar o reprobar candidaturas en el partido que resulta ser primera fuerza política nacional, lo que sin duda ha afectado su equilibrio emocional, pues El Poder en una persona con ese perfil, atenúa virtudes y magnifica lo peor de sí misma.

Mientras Ardavín, sentado en su trono de Jefe General meditaba en todo lo bueno que se podría hacer desde El Poder, Velasco iba encontrando a sus cómplices ideales en cada región del país y en el partido: En Puebla el Caimán (el fracasado)  y Ángel Alonso (el intrigoso); en Guanajuato Gerardo Mosqueda Martínez (el censor), en Querétaro Alfredo Botello Montes (el interventor); en Jalisco José Antonio Ortega Sánchez (el indagador); Manuel Espino Barrientos (el dictador) en el PAN, por mencionar a los más representativos.

Esta gavilla no se aplicó -como esperaban quienes lucharon toda su vida- a cambiar al viejo sistema, sino que por el contrario, habiéndole descubierto lo eficiente que era para controlar a la clase política, adoptan sus métodos y hacen alianzas con sus más conspicuos personajes. En Puebla ni mas ni menos que con Mario Marín, para ilustrar lo que se afirma.

Es así que en el PAN se adoptan prácticas como el chambismo, el clientelismo, la coerción, represión, exclusión, autoritarismo y otras muchas que mantienen vigente al sistema político desarrollado por el PRI y que el estilo firme y vigoroso del Yunque combatió por décadas. Lejos de aplicarse a promover los cambios que el país requiere, se afanan en conservar las herramientas que les permiten controlar -en contubernio con lo peor del viejo sistema- la vida política nacional.

Comenzaron haciendo pequeñas trampitas para que ganara su “gallo” en las asambleas y convenciones del partido, pero sus abusos y tropelías han ido derivando en acciones evidentemente delictivas que inevitablemente les hacen participar ya, en mayor o en menor grado, de las redes de impunidad entre políticos, policías y delincuentes que hoy tienen en vilo al país.

Al avance y conquista de las estructuras sociales y políticas, el Yunque acometió con gente de talla a la que no controlaba. Maquío fue y sigue siendo la figura emblemática, mientras que Vicente Fox hizo posible la transición y les abrió las puertas de la burocracia dorada en el Gobierno Federal.

Es incuestionable la categoría de personajes como Luis Felipe Bravo Mena, Juan Carlos Romero Hicks y Carlos Abascal Carranza, quienes en su profesional desempeño mucho se distinguen de quienes les sucedieron, no por su competencia y/o carisma, sino por el dominio que la Organización -ya mutada- logró sobre el PAN: (el dictador) Manuel Espino Barrientos en el CEN, Juan Manuel Oliva Ramírez (el supuesto) gobernador de Guanajuato y (el torpe) Francisco Javier Salazar Sáenz en la Secretaría del Trabajo respectivamente, impulsados y sostenidos por quien realmente manda en la Organización y en el PAN: (el taimado) Guillermo Velasco Arzac.

En Puebla, Velasco no sólo toleró, sino que avaló e impulsó las tropelías del Caimán y de Ángel Alonso, quienes aprovechando la eventual dimisión de Javier del Castillo al mando local por su quebrantada salud, toman en la persona de Ramírez Castellanos el control total de la Organización en la Ciudad de Puebla.

El nepotismo, el abuso de autoridad, la ambición desmedida y la concentración de los privilegios por los integrantes del clan fueron tan evidentes que (el fracasado) Caimán perdió toda autoridad moral y (el timorato) Aizpuru fue obligado por (el cauto) Quintana, con lo que le quedaba de fuerza, a destituirle.

La caída del Caimán, que no su expulsión de la Organización como pretenden hacer creer, no debilitó en lo absoluto a Velasco, quien mostró su capacidad de operación cuando indujo el estrepitoso fracaso de Antonio Sánchez Díaz de Rivera (el ingenuo), quien fue impuesto por (el pusilánime) Ardavín como candidato a la alcaldía de Puebla sin considerar que esto alteraba los equilibrios de poder locales. Sólo llega al poder quien está en la jugada con (el taimado) y sus esbirros. 

Muy pronto Velasco y Espino encontraron sustitutos al Caimán y a Ángel Alonso.

 

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