28-02-2020 01:37:42 AM

Una sonrisa pícara…

 

Mi primo y yo andábamos juntos para todos lados, a mi novia le molestaba mucho, pero a la novia de mi primo no parecía molestarle. Cabe mencionar que varias veces sorprendí a mi primo con su novia mientras cogían, yo no me inmutaba por que veía que Kary poco hacia por cubrirse cuando esto pasaba. En una ocasión que regresábamos de una fiesta, mi primo se puso ¡pedisimo!, así que llegando a su casa, apagué el coche y esperé a que se le bajara. Kary iba adelante conmigo y mi primo acostado en la parte de atrás, dormidísimo. Ella y yo estuvimos platicando de mil cosas pero, la forma en que me tocaba y me miraba, me ponían a pensar otras cosas.

Poco a poco, con el pretexto de hacerle mimos a mi primo que estaba dormido, se fue acercando a mí, con una mano le agarraba la cabeza y con la otra se apoyaba en mi pecho, pero su manita se fue deslizando lentamente hasta quedar entre mis piernas, en mi vulto, que para ese momento ya mostraba una erección a medias. Poco hice por tratar de detenerla ya que la veía a la cara y sus ojitos expresaban lujuria y deseo. Casi de una manera inocente, casi imperceptiblemente, fue bajándome el cierre del pantalón y me sacó la verga, su cabeza se fue acercando lentamente a la punta y yo no dejaba de ver a mi primo.

Sentí su respiración calida y de pronto vi cómo su boquita se metía toda mi verga, la mamaba lento en un principio pero, cuando estaba toda brillosa por su saliva, los movimientos se hicieron cada vez mas rápidos, (la mejor mamada que me han dado) y cuando sentía que mi lechita estaba a punto de salir, -creo que se dio cuenta por la forma en que mi cuerpo se contraía- se detuvo y se me quedó viendo con una cara de “esto no ha terminado” Se me acercó hasta que su boca quedo junto a mi oído y me dijo: “Quiero probarte. ¡Vámonos!”

“Oscar, Oscar…” -comenzó a despertar a mi primo- “Despierta, tengo sueño y tu primo me va a llevar a mi casa” “No hay pedo primo…”, me dijo él. Le contesté que no se preocupara, que yo la llevaba. El se bajó, abrió la puerta de su casa y se metió a seguir durmiendo. Todavía no llegaba a la esquina, cuando Kary comenzó a agarrarme la verga por encina del pantalón y a darme unos besos en el cuello que me estaban volviendo loco. El rumbo que tomé fue hacia la casa de ella, pero cuando estaba por llegar, me dijo: “métete ahí” Se trataba del garage de un hotel, me volteé a verla y me dijo: “¡quiero hacerlo contigo!” Me bajé del coche y pedí una habitación, estaba pagando cuando ella me alcanzó, me dio dinero y dijo: “pídela con jacuzzi” Hasta el cabrón de la recepción no pudo evitar lanzar una sonrisa.

Llegando a la habitación, comenzó a revisarla, “siempre te he traído ganas y nunca lo he hecho en un jacuzzi, no me quiero quedar con ganas de nada”, dijo. Empezamos a besarnos mientras nuestras manos exploraban el cuerpo del otro, la ropa fue desapareciendo. Siempre había tenido curiosidad de verle las tetas ya que mi primo me había dicho que las tenía rosita. Así que, lo primero que hice fue quitarle la blusita que traía. Mi primo no mentía, tiene unos senos ¡deliciosos! Ella es súper blanca, delgadita, pero con unos enormes senos que hace difícil apartar la mirada. Me abalancé hacia ella como un recién nacido sobre sus tetas, mientras ella no dejaba de morderme el cuello y arañarme la espalda de una manera ligera pero ¡súper seductora!

Yo no dejaba de estrujarle las nalgas relegándome a ella para que se diera cuenta que traía la verga súper parada y era ella quien lo había provocado, me decía cosas como: “¡Que rico! ¡Así papi!” Estaba listo para hacerla pedazos, pero me dijo que me esperara. “¡Vamos al jacuzzi”, parecía un poema cuando se metió al jacuzzi y jugaba con la espuma acariciando todo su cuerpo. De prono se sentó en la orilla y me dijo: “Cómeme” Ella es de esas chicas que se depilan todo, así que no tuve problemas para encontrar dónde le gustaba. Al tocarla no dejaba de jalarme de los cabellos, yo sentía cómo su cuerpo respondía a mis caricias tensándose, contorsionándose, buscando su propio centro de placer. Veía cómo su carita cambiaba de tonalidad hasta tornarse de un rojizo carmesí.

Mientras me la comía, la saliva que escapaba de mis labios aunada al exquisito néctar que de ella fluía, se fue acumulando en los pliegues de su cuerpo hasta quedar en el obscuro rincón de su culito, yo la estimulaba poco a poco, lentamente, con movimientos suaves y delicados, su cuerpo fue cediendo a mis ataques y ella comenzó a agitarse, señal inequívoca de que se estaba viniendo. “¡No pares! ¡Qué rico! ¡Mmmmmmm! Cuando se recuperó de su orgasmo, me dijo que mi primo no sabía que esa parte de su cuerpo existía, que la sensación había sido deliciosa. Me miró a los ojos y me dijo: “ven, quiero que me cojas”

Su vagina estaba sumamente húmeda, deliciosamente batida de sus propios jugos, mi verga entró riquísimo, sentía cómo me comprimía y me tallaba delicioso, cada momento que pasaba, mis embates se hacían cada vez más rápidos, más profundos, sentía, por sus gestos y movimientos, cómo le estaba gustando. Le subí las piernas a los hombros y mis estocadas se hicieron mas profundas, ella trató de aminorarlas poniendo sus manos en mi pecho, ahí fue cuando tomé un ritmo cabrón. Veía cómo sus tetas se bamboleaban a cada una de mis acometidas, la tomé con la mano por la parte baja de la espalda, sentía cómo mi verga se perdía hasta lo más profundo. Ella no dejaba de gritarme cosas, los movimientos se hicieron uno y ya no pude aguantar más, le dije que me venia y me contestó que lo hiciera dentro de ella, así que empecé a empujar con fuerza y sentí cómo mi cuerpo temblaba y se perdía en un orgasmo delicioso, inundando todo su cuerpo de mi lechita.

Descansé encima de ella, mientras ella no dejaba de apretarme por dentro. Estuvimos cogiendo toda la noche. Al otro día sonó su teléfono, era mi primo, le dijo que estaba dormida, que le marcara al rato. Ella sólo volteó y me dio un beso acompañado de una sonrisa picara.

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