Diario de un consentidor?

 

EROS

 

SEXTA PARTE
"¿Sigues enfadada conmigo?" – sus labios rozaron la oreja de Carmen al pronunciar esta palabras y a ella se le erizó el cabello de la nuca al recibir el aliento de Carlos.

"¿Enfadada? ¿yo? ¿por qué había de estarlo?" – Sabía a lo que se refería, su "espantada" de aquella mañana le hacía pensar que estaba molesta con él, sin embargo sus avances de aquella noche no eran los de un hombre arrepentido. Carmen le dejaba hacer, le permitía seducirla con sus palabras, le dejaba cogerla de la mano delante de mí y eso le producía un placer desconocido, intenso, el morbo de lo prohibido-tolerado, la infidelidad explicita ante el marido que lo consiente y lo alienta. Ensimismada en estos pensamientos no se daba cuenta de que a cada minuto Carlos se sentía mas aceptado por ella y por tanto mas libre de avanzar en su conquista del territorio inexplorado. Carmen sentía las manos en sus riñones, las notaba avanzar lentamente hacia abajo, se dejaba arrullar por sus palabras susurradas en su oído, convertidas en esa caricia que, – yo lo se bien -, la desarma, que la deja sin defensas, sin argumentos para decir "no".

"En fin niña, esta mañana no te fuiste muy contenta conmigo, supongo que no me porté bien, ¿fui malo?" – Carmen sonrió: ‘malo’, como si fuese un crío, eso era algo que la sorprendía de Carlos y la enternecía, en algunos momentos parecía un niño travieso, otras, un niño perdido, como cuando le pusieron la multa y ella estaba negándole el caramelo de irse en su coche; Inconscientemente se dejo llevar de ese sentimiento casi maternal y lo estrechó un poco mas con sus brazos que rodeaban su cuello, cuando se dio cuenta de lo que había hecho se preocupó pero ya era tarde para retroceder; Para Carlos ese gesto, lejos de expresar ternura, le confirmaba que estaba mas dispuesta de lo que lo había estado aquella mañana y reaccionó cruzando sus manos en su cintura atrayéndola hacia el, sintió su vientre pegado al suyo y pudo notar el roce de sus pechos libres bajo el vestido acariciándole con cada paso que daban; la erección no tardó en producirse.

"Un poco malo si, hiciste lo que te dio la gana, a pesar de que yo te decía que no" – Carmen intentaba dar una imagen de aplomo, aparentar normalidad; A cada vuelta cruzaba los ojos conmigo y cuando me veía mirarla le subía una emoción a la garganta que la aturdía, estaba delante de mi, abrazada a otro hombre, dejando que la abrazara como nunca lo había hecho nadie desde que nos casamos, los susurros de Carlos en su oreja habían convertido el roce de sus labios en el anuncio de un beso que, ella lo sabía, se produciría tarde o temprano; Sintió el bulto en su vientre, sabía perfectamente lo que era y también sabía lo que debía hacer, lo que había hecho desde que siendo casi una niña notó por primera vez esa dureza intentando frotarse contra ella, era algo aprendido entre compañeras. Su reacción casi instintiva la llevaba a poner distancias, mis ojos la miraban en el instante en el que sintió la erección de Carlos presionando en su vientre y de nuevo una dualidad incongruente la dejó paralizada, debía separarse, al mismo tiempo sentía el placer en su cuerpo y veía el placer en mi ojos, otra vez lo prohibido-tolerado ¿Qué hacer ante ello? ¿luchar? ¿abandonarse? La duda retardaba su acción y cada segundo que se demoraba era una afirmación para Carlos y una nueva barrera que se desmoronaba para Carmen. Se sentía aturdida, ligeramente mareada. Sintió el contacto de sus pechos en el cuerpo de Carlos y pensó que debía haberse puesto sujetador.

"No hice lo que me dio la gana, niña, si lo hubiera hecho…" – la canción terminó en ese momento y Carmen aprovechó para separarse de él; Elena y yo estábamos muy cerca y se dirigió a nosotros.

"Que maravilla, no hace nada de calor, menos mal!" – era una excusa, el inicio de una conversación trivial que le permitía poner un poco de distancia con Carlos, yo entendí su intención y salí al quite.

"¿Cambiamos de pareja? – dije mirando a Carlos, no era una pregunta, directamente tomé a Carmen de la mano, acababa de comenzar otra balada y la tomé en mis brazos estrechándola para transmitirle todo lo que sentía.

"¿Cómo lo llevas?" – le dije al oído

"¿Y tu? ¿ligando con Elena?"

"Algo menos que tu, cielo, te tiene tan apretada que no se como consigues respirar"

"¡Bobo!" – protestó Carmen, me di cuenta de que en absoluto estaba incómoda con lo que sucedía y en algún modo me rompió mis esquemas, esperaba encontrarla mas nerviosa, preocupada por los avances de Carlos, sin embargo lo que me transmitía era… ¿libertad? ¿desinhibición? Se la veía segura de si misma, y eso me tranquilizó, la veía capaz de controlar la situación. Dejé que mis manos bajasen desde su espalda a su cintura, noté la suave curva en sus riñones que anuncia el inicio de sus nalgas y bajé, bajé hasta posar mis manos abiertas en su culo.

"¿Qué haces?" – protestó Carmen, le di un beso en la oreja.

 

"Tomar lo que es mío" – ¿de donde había sacado semejante comentario? ¿Qué me impulsaba a pronunciar una frase tan profundamente machista?

"¿Marcando tu territorio?" – Carmen no solo no se había molestado sino que había entendido el sentido profundo que yo mismo no había logrado encontrar en un primer momento; Acaricié suavemente la parte superior de sus glúteos, recorriendo con mis dedos el relieve del triangulo que formaba su tanga

"Algo así"

"Estate quieto, nos está viendo Carlos" – separé mi rostro de ella hasta tenerla de frente, estaba preciosa, la excitación transformaba su expresión hasta dotarla de una poderosa sensualidad capaz de hacerme perder la cabeza.

"Lo se" – la besé en la boca, al principio con suavidad, ella hizo un intento por separase y la apreté contra mi, su vientre pegado al mío, mis manos extendidas en sus nalgas atrayéndola y mi beso se volvió intenso, apasionado, incontrolado. Cuando al fin nos separamos, me miró con esa intensidad que me derrota.

"Estás loco, ¿sabes lo que va a pasar, no?" – no demostraba enfado, pero si estaba sería.

"No, dímelo tu" – volví a juntar mi mejilla con la suya, vi a Carlos con sus ojos clavados en mis manos y en la siguiente vuelta evité mirar a Elena.

"Le estás dando alas para que haga lo mismo" – entonces bromeé.

"Pues mira, eso que sale ganando Elena"

"No disimules, sabes a lo que me refiero" – dejé mi mano izquierda sobre su nalga y subí la derecha hasta tocar su espalda desnuda, comencé una lenta caricia en círculos desde su homoplato, a su hombro, sus vértebras… y su axila.

"Después de cómo has estado bailando con él, no creo que le sorprenda como bailas conmigo, tan solo un poco mas… desvergonzada, solo un poco mas"

"– "Mario, por favor" – no estaba seguro, aun no lo estaba, no sabía si Carmen quería que detuviera mis caricias, temía caer en el típico error masculino: no saber interpretar a tiempo un ‘no’

"¿Qué temes?"

"Te está viendo, cuando me saque a bailar va a querer seguir tus pasos, ¿no te das cuenta?"

"Perfectamente, ahora dime una cosa ¿no te apetece?" – estaba decidido a respetar instantáneamente su deseo, sin vacilaciones, no quería forzar nada.

"Me da miedo" – abandoné su axila y su nalga, despacio, con naturalidad.

"¿Qué temes?"

"No lo se, Mario, ¿y si luego…" – no acabó la frase

"¿si luego quiere mas? Eso lo controlas sin problemas, cariño, creo que tu temor va por otro lado"

"¿Si?"

"En realidad, creo que ibas a decir ‘¿y si luego quiero mas?’ ¿era eso, verdad?" – se estrechó contra mi.

"No se… si, quizás… estoy asustada"

"Y excitada" – no contestó – "dime, ¿lo estás?"

"Sí, pero también estoy asustada" – recalcó.

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