El jefe regional de El Yunque (Agustín Aizpuru)

La divulgación de las fichas elaboradas por el equipo de Germán Martínez, líder nacional del PAN y ex secretario de la Función Pública del gobierno de Felipe Calderón ha generado diversas reacciones y, por ende, las descalificaciones personales predominan por encima del debate y la reflexión.

Hay que precisar que el reportero no preparó las fichas, sino que son documentos elaborados por el panismo.

Para que continúe la polémica se presenta el perfil del jefe regional de El Yunque:

“3.- Aizpuru Gómez Agustín.- Jefe de la Organización en la región que abarca los estados de Puebla, Veracruz, Tlaxcala, Oaxaca y Tabasco. Hombre de pocas luces y poco carácter que finca su autoridad en que “es bueno”. Prototipo de los meones de agua bendita.

“Sin vocación, ni visión, ni experiencia política, fue durante la lucha opositora un eficiente mando medio que siguiendo las instrucciones de brillantes jefes dio estupendos resultados. Debe considerarse que en esos tiempos se vivía una auténtica hermandad entre los miembros de la organización y que no había nada que disputarse. Cuando fue ascendido a jefe y alcanzó su nivel de incompetencia, la organización ya manejaba importantes caudales de poder.

“Como casi todos los jefes de la organización, está atrincherado en la doctrina sin comprender que siendo ésta la guía, en un régimen plural no es posible aplicarla al pie de la letra. Los hechos dejan ver que como Aizpuru, los jerarcas del Yunque no contemplan a la democracia como una opción válida. No están dispuestos a compartir el poder con quienes ven las cosas de manera diferente, exigen de la forma mas atrabiliaria, que todo mundo se pliegue a sus criterios. Buscan eliminar al adversario antes que construir acuerdos que a todos beneficien.

“Para él -y para los jerarcas del Yunque en general- la instauración de El Reino es el gobierno de los buenos -es decir, de los meones de agua bendita- por lo que se debe combatir a los malos -que no piensan ni actúan como ellos- implantando así -como norma fundamental- las prácticas excluyentes que hoy definen el proceder de la organización en el PAN.

“Agustín Aizpuru y Javier Del Castillo comenzaron a ser rebasados cuando desde el PAN se vislumbraron opciones de triunfo. Entonces, quienes habían sido sus subordinados en una lucha idealista, de manera natural entraron en competencia por las diversas posiciones que fueron quedando a su alcance.

“No tuvieron los jefes la capacidad ni la visión de los fundadores de la organización para articular doctrina y praxis expandiendo una nueva clase política eficiente y transformadora. No sólo no se desarrolló pensamiento político, sino que con pavor a equivocarse momificaron los principios sin saber como aplicarlos desde el poder que como explicamos adelante, se les iba dando.

“Durante la presidencia de Paco Fraile en el CDE, las candidaturas eran testimoniales y aún las plurinominales se adjudicaban sin mayores inconformidades. Esto comenzó a complicarse durante la presidencia de Ana Teresa, cuando las aspiraciones de muchos -con más talento que los jefes- se desbocaban. Aizpuru, dado su poco carácter -a nadie le dice que no- terminaba confundiéndolo todo para acabar haciendo lo que le sugieren personas que si tienen objetivos muy claros.

“Es así que esto fue “corregido” bajo la dirección de Ángel Alonso, arribista que llega a la organización cuando era tiempo de cosecha e implanta métodos despóticos -propios del viejo sistema- para “disciplinar” a todos. La acción de Ángel en la presidencia del partido fue reforzada por quien fungía como jefe de los miembros orgánicos que operaban en el PAN: el Caimán Antonio Ramírez Castellanos.

“Agustín Aizpuru y Javier del Castillo estaban rebasados como jefes de la organización. Eran incapaces de encausar las inquietudes de sus prosélitos cuando Ángel y el Caimán implantaron métodos para someterlos. Desde entonces los mandos de la organización son rehenes de un par de vividores.

“El síndrome de Estocolmo (sugerimos consultar este título en Wikipedia) sin duda se da en Aizpuru al pie de la letra… Tanto el rehén como el autor del delito persiguen la meta de salir bien librados del incidente, por ello cooperan. Los delincuentes se presentan como benefactores ante los rehenes. De aquí puede nacer una relación emocional de las víctimas por agradecimiento con los autores del delito.

“Si al principio del fenómeno Aizpuru y del Castillo actuaban de buena fe y quedaron atrapados, al ir adquiriendo conciencia de su incompetencia, sin duda vieron que para mantenerse como jefes de la organización -a lo que dedicaron toda su vida- requerían de personas como Alonso y Ramírez Castellanos, y si en un momento fueron rehenes, hoy sin duda son cómplices profundamente implicados en delitos que no son menores.

“En su afán por presentarse como meón de agua bendita, cae en excentricidades e impone a su familia comportamientos trastornados. Él refleja una frustración que deriva en crueldad. Ha mostrado no tener escrúpulo para dañar a alguien, al partido, a su Patria y a la organización misma, con tal de mantener su posición.

“Durante mucho tiempo, Aizpuru pudo endosar sus faltas a alguien mas, para conservar esa imagen de beato que por generosidad se dedica a la organización. Los hechos han ido dejando ver que de la connivencia fue pasando a la complicidad y de partícipe a autor de muchos delitos de lesa patria. Hoy la situación es inocultable y evidentes las responsabilidades.

“Por ello, Aizpuru y la jerarquía en general han caído en un severo descrédito, entre la militancia orgánica se vive una enorme decepción y las facciones se valen para sus propios fines de la precaria legitimidad que aún representa, pero en la medida que la organización vaya dejando de otorgar o negar chambas, perderán capacidad de control sobre el partido y sobre la misma organización desatándose cruentas luchas intestinas.

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