Puebla 2019: otro escenario

Por Valentín Varillas

 

 

Ninguna analogía perceptible existe hasta este momento, entre el proceso electoral de julio del año pasado y la extraordinaria que se va a llevar a cabo dentro de poco más de dos meses.

La votación del 2018, en lo que a gobernador de Puebla se refiere, fue histórica en términos de nivel de votación y entusiasmo ciudadano.

No será así, ni de cerca, en este nuevo ensayo democrático.

Al contrario.

Los poblanos hemos estado sometidos a una intensa exposición política -con una importante resonancia mediática a nivel nacional e internacional- a partir de la judicialización de la primera elección y el polémico fallo del Tribunal Electoral federal.

Después, la polarización alrededor de la toma de protesta de la primera gobernadora del estado y sobre todo, la que se generó después del accidente en donde perdió la vida.

Jaloneos para la designación del gobernador interino y más recientemente: los madrazos en los procesos internos de los partidos para la elección de sus candidatos a la gubernatura.

Ahora, viene otra campaña, más activismo y propaganda política, lo que abonará todavía más al hastío del poblano común hacia la cosa pública.

Además, otro factor que podría incidir en la baja participación es el hecho de que –a diferencia de lo que ocurrió el año pasado- todas las encuestas serias que se han publicado sobre preferencias electorales, han marcado desde el principio a un claro favorito: Morena.

En esta elección hay muy poca incertidumbre, lo que históricamente ha significado que la gente vote menos, o en su defecto, quiera ir con quien considera de antemano como el “claro ganador”.

Con potenciales niveles bajos de votación, la operación de las estructuras tendrá un peso específico mayor en la determinación del ganador de la contienda, factor que -a diferencia del año pasado- ahora juega a favor del Movimiento de Regeneración Nacional.

Con la muerte de Moreno Valle, murió también “su estructura”.

La propia, la paralela a la de los partidos que sumaban a sus intereses políticos, la que operaba para él en lo personal y que costaba millones mantener y tenerla lista para sumar votos.

Como fuera, de forma legal o no, este era el arma principal con la que el morenovallismo ganaba elecciones y hoy, ya no existe más.

También pesa en el poco ánimo alrededor de la extraordinaria, el que la gubernatura sea el único cargo a elegir, cuando en la de julio del año pasado se competía por todos los cargos de elección popular, locales y federales.

Esto, elevó a alturas pocas veces vistas, los porcentajes de participación.

Hoy, veremos la otra cara de la moneda, situación que abona al casi amarrado triunfo de quien puntea en las encuestas.

Es la contundente realidad: el nuevo derrotero que tomó la política poblana y que marcará, de manera irremediable, su futuro en el mediano y largo plazo.

 

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