Puebla, el Waterloo de AMLO

Por Alejandro Mondragón

 

 

Puebla se perfila a convertirse en el Waterloo del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, ante la capitalización de la tragedia en las urnas a favor del morenovallismo y la fractura interna de los grupos de Morena.

 

La ambición de cada uno es inocultable. El poder los igualó.

 

Mientras el morenovallismo azuzaba en redes sociales el linchamiento del lopezobradorismo por la tragedia aérea del 24 de diciembre, la alcaldesa Claudia Rivera Vivanco se solidarizaba con la causa.

 

Un Luis Miguel Barbosa que salió a un road show de medios electrónicos nacionales para promoverse “sin autopromoverse” en la candidatura de Morena para la elección extraordinaria, cuando todavía ni los cremaban.

 

Otro, Alejandro Armenta Mier iniciando recorridos en el interior del estado, montado en la estructura marinista, para estar listo a lo que se ofrezca.

 

Un Fernando Manzanilla atrapado entre la filia de la familia y la fobia del opositor.

 

 

Un Congreso local, controlado por José Juan Espinosa y Gabriel Biestro, exhibiendo un poder que otorga una mayoría que pretende incendiar más el estado.

 

La ciudad de Puebla se convirtió en el ejemplo claro del desastre de gobierno de Morena: colonias oscuras, inseguras y calles repletas de baches. El Centro Histórico infestado de ambulantes.

 

San Andrés Cholula con Karina Pérez Popoca es perseguida por la delincuencia organizada y las amenazas de contubernio, mientras San Pedro Cholula en manos de Perón y Evita.

 

En Tecamachalco, la alcaldesa utiliza a las fuerzas policiacas de escoltas, en medio de críticas de pobladores.

 

Existe una larga lista de prospectos morenistas y de la mentada sociedad civil, como si fueran los redentores de una Puebla que no existe más que en sus febriles ambiciones.

 

Y un presidente Andrés Manuel López Obrador que arrojó gasolina del huachicol para apagar el helicóptero incendiado aún por la ausencia de respuesta a la pregunta básica: ¿por qué se desplomó la aeronave?

 

Eso sí, con un lenguaje que tachó de canallas a todos aquellos que censuraron su ausencia en los funerales.

 

¿Con qué autoridad moral esos de Morena quieren imponer un gobernador interino, cuando la elección era cosa juzgada y había ganado la alianza Por Puebla al Frente?

 

Es cierto, la Constitución del Estado otorga facultades al Congreso para nombrarlo, pero también prohíbe robar y los políticos lo hacen.

 

Quizá una solución política es la ratificación de Jesús Rodríguez Almeida como gobernador interino. Ahora es encargado de despacho, pero está claro que el gobierno actual de Puebla no está paralizado, se paga nómina a la burocracia y atienden servicios básicos de salud y seguridad.

 

Al final, ahí cohabitan los equipos de Moreno Valle y Alonso.

 

Es la sensatez que por lo visto no quieren ver o se niegan a entender quienes creen que el bono de López Obrador alcanzará para ganar lo que se les dio hace meses.

 

Y el sexenio de AMLO pagará los platos rotos, porque tampoco alcanzará eso de que los Moreno Valle están vivos y huyeron, como reflejan sus encuestas. Hágame el rechingado favor.

 

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