Mayorías ¿para qué?

Por Valentín Varillas

 

La esencia misma del juego democrático, se basa en que los ganadores de un proceso electoral hagan valer los beneficios que supone el haber obtenido más votos que sus adversarios.

Por eso, centrar el debate político en aplicar o no la facultad de ejercer la mayoría en un legislativo, resulta a todas luces estéril.

En cambio, lo que hay que cuestionar de manera permanente, es la manera en la que se utiliza ese liderazgo en la toma de decisiones y la conformación de leyes que afectan la vida de millones de personas.

En Puebla, por ejemplo, el morenovallismo lo utilizó como vía rápida para la realización de jugosos negocios al amparo del poder, como garrote político para ajustar cuentas con quienes eran considerados como “enemigos” y para intentar eternizarse en la política y el servicio público poblanos.

Las dos pasadas legislaturas, vergonzosas como muchas otras, sirvieron en los hechos como un secretaría más del ejecutivo, rendida a sus órdenes y caprichos.

Tal y como sucedía en los tiempos de los regímenes priistas, pero ahora sin el menor cuidado de las formas.

Una ausencia absoluta de cabildeo entre fuerzas políticas representadas en el Congreso y una timorata “oposición” que por miedo o cooptación, jamás quiso enfrentar los abusos e imposiciones del gobernador en turno.

La nueva mayoría legislativa promete hacer las cosas diferentes.

Juran los diputados de Morena que esos tiempos quedaron ya atrás.

Que son parte de un pasado superado y anuncian alegremente la llegada de los tan anhelados nuevos tiempos en la política poblana.

Piden la confianza y el apoyo absolutos de los ciudadanos, ávidos de ver un cambio radical de actitudes, desempeños y prioridades en sus representantes populares.

Tendrán que ganárselos con su trabajo diario.

Los cheques en blanco y los avales anticipados, lo único que han generado ha sido decepción y desconfianza hacia quienes en su momento prometieron un cambio.

Para quienes marcarán la agenda legislativa, las prioridades deben de quedarles muy claras.

Revertir las aberraciones y excesos del pasado reciente, en primerísimo lugar y sustituirlas por acciones concretas de amplio beneficio social.

Para eso votaron por ellos la gran mayoría de los poblanos.

Los riesgos, sin embargo, son también muy evidentes.

Por el perfil de algunos integrantes de la bancada mayoritaria en el legislativo local, la posibilidad de caer nuevamente en excesos y desfiguros es muy alta.

En su momento y desde distintas trincheras, fueron parte del grupo de Rafael Moreno Valle y fungieron como peones de su entonces amo.

Vieron con buenos ojos y avalaron algunas de las acciones llevadas a cabo durante su sexenio, las cuales hoy, convenencieramente, critican y fustigan.

Sus compañeros tendrán que aplicarles un marcaje personal, para evitar que aquellos usos y costumbres tan arraigados en su ADN político se manifiesten nuevamente y aniquilen así la confianza ciudadana.

Sí, van a tener mucho poder.

Más aún si la resolución del Tribunal Electoral federal les favorece y se abre la posibilidad de que el próximo gobernador de Puebla emane de su mismo partido.

Bien lo dice la máxima de Lord Acton: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

La  historia de nuestra aldeana vida política, está llena de ejemplos que confirman lo anterior.

A ver si es cierto que, a partir de ahora, todo va a cambiar.

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