Meade fracasa como producto electoral

Por Valentín Varillas

 

Jamás lo aceptarán en público; algunos ni siquiera en privado.

Quienes tienen una responsabilidad en diversas tareas específicas con la campaña de José Antonio Meade en Puebla, se encuentran desesperados.

No me refiero a quienes están siempre en medio de los reflectores, o los que se sienten parte de una élite privilegiada con acceso directo al candidato.

Tampoco a los siempre optimistas, que por obligación venden en sus declaraciones a los medios de comunicación o a través de mensajes en sus cuentas de redes sociales, una realidad que de plano no existe.

Priistas de a pie, los de la lucha de “adeveras”, los de la talacha en aras de buscar apoyos reales y votos contantes y sonantes, tienen otra versión de lo que sucede con el abanderado tricolor en el estado.

Ellos son el contacto directo con los poblanos y son un termómetro que mide con un crudo realismo qué tan buena o qué tan mala fue la decisión presidencial de enviar a uno de los suyos como candidato a sucederlo.

Y el panorama no puede ser peor.

Se han encontrado con un casi unánime rechazo a la marca PRI a lo largo y ancho del territorio poblano, no importa si se trata de una zona rural o urbana y han concluido también que hoy queda muy poco de aquel voto duro que tantos triunfos electorales les dio en el pasado.

Nadie puede decirse sorprendido.

Ya se veía este sombrío escenario desde el período de selección de candidatos.

No hubo realmente disputa por las nominaciones priistas, antes cotizadísimas y que hoy fueron auténticas rifas del tigre que nadie se quería sacar.

Al final, por institucionalidad o vocación al sacrificio, decidieron aceptar.

Y es que ni siquiera tendrán la oportunidad de hacer negocios con sus potenciales campañas, porque se han dado cuenta que existe una total indiferencia por parte del Comité Ejecutivo Nacional de su partido en todo lo que a Puebla se refiere.

Y lo peor, en términos del financiamiento privado, los empresarios han buscado otras opciones con mayores posibilidades de triunfo, para poder cobrar sus apoyos a través de los más diversos favores desde el servicio público.

La realidad en Puebla se repite en otras entidades federativas y en la lucha por la presidencia de la República.

Ayer, el portal de noticias Sin Embargo publicó una nota reveladora, en donde daba a conocer que, en ninguno de los estados en donde habrá elecciones locales, el candidato del tricolor encabeza las preferencias.

Demoledor.

Es evidente que, los estrategas en Los Pinos fracasaron al elegir a Meade como el candidato del actual grupo en el poder para intentar repetir en la presidencia, o por lo menos el ideal para impedir que López Obrador gane el 1 de julio.

Tal vez influenciado por las constantes críticas que ha recibido su gobierno, o bien por el hecho de que lo rechacen 8 de cada 10 mexicanos, Peña optó por dejar a un lado los criterios de rentabilidad electoral y optó por un perfil que le arrojara menos “negativos” en el imaginario colectivo del votante potencial.

Sin embargo, sacrificó competitividad y está pagando muy caro el error.

Meade aparece consistentemente en el tercer lugar en todas las encuestas serias que se han dado a conocer en esta coyuntura y la caída parece no tener fin.

Cada vez es mayor la diferencia con respecto a sus adversarios y todo parece indicar que, ni siquiera el millonario desvío de recursos públicos, el proselitismo oficial y la tentativa de robarse la elección como en el Estado de México o Coahuila, serán suficientes para evitar la debacle.

De seguir la tendencia actual, Meade Kuribreña puede pasar a la historia como el peor producto electoral que haya competido en un proceso presidencial, por encima de Roberto Madrazo o Josefina Vázquez Mota.

Imagínese nada más.

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