Las dos caras de Carrancá

Por Valentín Varillas

 

En el 2008, el hoy Fiscal General del Estado, Víctor Carrancá, formaba parte del equipo de abogados que defendía a la francesa Florence Cassez, acusada por el gobierno mexicano de formar parte de la banda de secuestradores apodada “Los Zodíaco”, uno de los grandes mitos geniales que surgieron tramposamente en el sexenio de Felipe Calderón y que utilizó para justificar su fallida cruzada en contra de la delincuencia.

De acuerdo con Jorge Volpi, en su libro “Una Novela Criminal”, recientemente editado y premiado por Alfaguara como lo mejor de este año, el hoy funcionario público del gobierno poblano era socio de Agustín Acosta, Juan Araujo y Carlos Riquelme en el despacho Consultores Legales, “centrado en asuntos de derecho penal, administrativo y financiero”.

Entre los tres, se dan a la tarea de darle forma a una estrategia que tenia como eje medular exponer las aberraciones legales, violaciones al debido proceso y las monumentales irregularidades que habían caracterizado el caso y que tenían a su cliente con una sentencia de 96 años de prisión pendiendo cual espada de Damocles sobre su cabeza.

En la página 254, Volpi relata cómo, ante una petición especial de su socio y amigo, Agustín Araujo, Carrancá pasa todo un fin de semana en su casa de Cuernavaca analizando a fondo los puntos finos de la defensa de Cassez.

Hay frases reveladoras que muestran la importancia que esta cruzada legal tenía para el entonces abogado litigante.

 

 

“Por lo que puedo ver aquí”, resume Carrancá, “Florence no recibió asistencia consular, violando un sinfín de preceptos legales y tratados internacionales.”

Este sería el punto medular de la estrategia de la defensa y de la apelación que a principios de enero de 2009 presentaron ante el Primer Tribunal Unitario de Circuito.

Pero eso no es todo.

En la opinión de Carrancá y sus socios abogados: “Florence fue detenida de forma ilegal, sin que existiese orden de aprehensión en su contra y sin que se supiese el día y la hora de su detención; que no se valoró los videos del montaje y no le importó (a la jueza que dictó sentencia) que, al presentarla en televisión cuando fue detenida, la policía hubiese violado sus derechos subjetivos; que no tomó en cuenta que la policía no la pusiera a disposición del Ministerio Público de manera inmediata como marca la ley; que no valoró la infracción a las reglas establecidas para los careos como testigos que la acusaban; y, en fin, que no le importó que la policía violase su derecho como extranjera a recibir el auxilio de su embajada”.

¿Cómo ve?

Mucha razón tenía Carrancá al denunciar, en ese momento, la prostitución de las instituciones para concretar esta monumental consigna.

El problema es que, en su metamorfosis a funcionario público, el todavía Fiscal ha actuado, ensayando hasta el cansancio, lo que hasta hace unos años tanto criticó.

Víctor Carrancá se sumó gustoso a la cruzada legal de que su jefe y amigo Rafael Moreno Valle ensayó en contra de quienes etiquetó como enemigos personales o bien de su gobierno.

Una procuración de justicia con un apestoso tufo a “vendetta personal” es lo que nos ha dejado este personaje en su paso por la PGJ antes, hoy Fiscalía General del Estado.

Tan solo el caso del asesinato de José Luis Tehuatlie Tamayo, el niño indígena ultimado por policías estatales en la comunidad de San Bernandino Chalchihuapan, hace palidecer lo que sucedió con Florence Cassez.

Aquí se mintió arteramente, se alteró burdamente la escena y condiciones en los que se dieron los hechos, se le dio forma a una versión oficial de los hechos, basada en investigaciones sesgadas y que tenía como objetivo único encubrir a los asesinos de José Luis, no llevarlos ante la justicia y lo peor: con mentiras y fotomontajes se pretendió criminalizar  las víctimas.

Los encargados de procurar justicia, comportándose como auténticos criminales.

Un gobierno criminal.

Y así, en el mismo tenor, el caso de los Xicale en Cholula, el de Castillo Montemayor, la cruzada contra los líderes de la 28 de Octubre, supuestos asesinos consignados sin que haya un cadáver de por medio y un larguísimo etcétera de personajes que se atrevieron a disentir y rebelarse ante los pueriles y abusivos caprichos de Moreno Valle y sus secuaces o ante la aplicación de políticas públicas que los afectaban directamente.

Caray, ¡cómo es la vida!

Si Carrancá se hubiera comportado como Fiscal, de la misma manera que se comportó como abogado de Florence Cassez, éste sería otro estado, muy diferente y no el paraíso de la impunidad que vivimos todos los días.

¿Qué le pasó?

¿Por qué mutó?

Imposible saberlo.

Tal vez en la monumental novela de Stevenson, “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” podemos encontrar algunas pistas.

Ya sabe que en Puebla se ha vuelto costumbre que la realidad supere a la ficción.

Vaya botón de muestra.

 

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