El falso altruismo envenena

Por Abel Pérez Rojas

“El falso altruismo envenena

lentamente a unos y a otros”

 

La ayuda al prójimo es deseable por muchas razones, pero el auxilio que se otorga buscando el reconocimiento público es una especie de veneno para todos, en particular para quien lo practica.

Desgraciadamente las organizaciones de ayuda se encuentran abarrotadas de personas que buscan satisfacer su ego a través de un falso altruismo.

A veces con el dinero y recursos propios, pero en la gran mayoría con el de otros, muchas personas buscan convertirse en famosos, populares, respetables o con redituables relaciones sociales, a partir de brindar ayuda a quienes lo necesitan.

De ninguna manera estoy diciendo que las personas nieguen su ayuda y servicio, lo que estoy tratando de compartirle es el hecho de que el falso altruismo nos contamina.

Las personas que buscan el reconocimiento ayudando a los demás, empiezan por no ser sinceros en lo más profundo de su ser, se bloquean a sí mismos para desarrollar una ética verdadera que pervierte conceptos como la solidaridad, la fraternidad y el amor.

Pero este tipo de situaciones no sólo afecta a la persona que finge, también infecta a los destinatarios de la ayuda, porque se convierte en un juego de simulación, en el cual uno hace como que ayuda desinteresadamente, y el otro hace como que no se da cuenta que el benefactor lo está usando para satisfacer una necesidad oculta.

Esos entornos terminan convirtiéndose en círculos enfermizos que aprisionan tanto al “benefactor” como al beneficiado,  porque a resumidas cuentas no transforman de fondo las condiciones de desigualdad o pobreza imperantes, pero eso sí, abonan a que las cosas no cambien.

El falso altruismo contamina nuestras mentes y nuestros corazones.

Para ilustrar mi comentario le comparto algo del budismo.

De acuerdo con el budismo los “venenos del espíritu” ocasionan todas nuestras dificultades y obstruyen la posibilidad de evolucionar.

De acuerdo con el artículo “El Budismo y los tres venenos del espíritu”, entre los estos “venenos” se encuentra el apego, el cual se “puede entender como codicia, viene dado por el deseo extremo de poseer algo o a alguien, así como la negación de la idea de la no pertenencia de ese algo o alguien. Una persona que se deja llevar por el apego, es muy impulsiva e insensata, puesto que siempre va a tratar de obtener el objeto de su anhelo o ansia para satisfacer su deseo”.

Más adelante dicho artículo publicado en procrastinafacil.com afirma:

“Para poder combatir el apego se debe practicar el “dar sin pedir nada a cambio”, mediante este acto, empezamos a ser realmente útiles a los demás y desarrollamos la modestia, la caridad y así, el desapego”.

De acuerdo con el sentido de las líneas citadas, cuando una persona ayuda o comparte esperando al menos el reconocimiento, refuerza su impulsividad e imprudencia, de tal manera que posterga su posibilidad de madurar y de acceder a formas de convivencia sinceras, si no es que, peor aún, está fortaleciendo su perversidad.

Está por demás describir a dónde nos ha llevado la perversidad cuando ésta predomina en la mente y los corazones de los hombres.

Así que si está usted haciendo algo por el bien de los demás, hágalo por el simple hecho de ayudar y compartir, sin esperar nada a cambio, porque llegado el momento, usted será también beneficiado de múltiples maneras.

¿Está usted dispuesto?

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