23-06-2018 05:07:59 AM

RMV necesita de un PRI fuerte para ganar

Por Valentín Varillas

 

El peor escenario electoral para el morenovallismo sería llegar al primer domingo de julio con una disputa por la gubernatura estatal en un escenario de dos: es decir, en un frente a frente con Morena.

Una elección así, aumentaría exponencialmente las posibilidades de que la izquierda obtenga un triunfo histórico en el estado y despache por primera vez en Casa Puebla.

Por eso, los estrategas y operadores del oficialismo están viendo la manera de no dejar morir de inanición al tricolor poblano y conectarlo a un respirador artificial, en una medida desesperada de la que pretenden sacar beneficios concretos.

Si logran mantener a Enrique Doger en niveles de mediana competitividad, aunque al final no pueda superar el tercer lugar al que las encuestas parecen condenarlo, la consecuente división del voto anti-sistema abonaría en buena medida a la inminente continuidad del actual grupo en el poder.

Ante la incógnita que representa el peso específico real que tendrá la figura de López Obrador en el desempeño de Luis Miguel Barbosa en el estado, Rafael Moreno Valle, el auténtico y único jefe dela campaña de Alonso Hidalgo no quiere dejar ni un solo cabo suelto.

Y fortalecer la oferta priista parece que será ahora el paso a seguir.

La medida podría resultar a simple vista muy extraña, si partimos del hecho de que fue el propio Rafael quien desde su llegada al gobierno estatal se encargó de reducir al PRI a su mínima expresión en lo político.

El tema, se convirtió en una auténtica obsesión y lo operó en consecuencia.

Más allá del vasallaje y la sumisión mostrada por los priistas poblanos desde le momento mismo en el que perdieron el poder, el verdadero debilitamiento del tricolor vino a través de la infiltración de su centro neurálgico.

La estrategia se puso en marcha en la coyuntura del proceso presidencial del 2012 y sus consecuencias se sintieron con enorme contundencia en la elección local del 2016.

Si el tricolor estuvo al servicio de los intereses políticos del gobernador, es porque para el mandatario se trataba de un asunto de altísima prioridad en el escenario de un cogobierno con un presidente emanado de las filas del Revolucionario Institucional.

De otra manera, para el poblano se hubiera reducido enormemente su capacidad de negociación.

Fernando Morales, como priista, fue fundamental en el debilitamiento de su partido, lo que le permitió después cobrar las facturas consecuentes.

Más allá de las cuestiones mediáticas, hay acciones concretas que como líder del PRI ordenó y que tuvieron como consecuencia la muerte cerebral del partido en la entidad.

Por ejemplo, cuatro días después de la victoria de Peña Nieto en la presidencial de julio, Fernando tuvo una reunión con estructura, operadores y candidatos ganadores en donde dio la orden expresa de replegarse, dejar por un tiempo el trabajo político para “esperar” el desahogo en tribunales de la impugnación de la elección y en función de eso analizar el escenario político y convocar, luego, a liderazgos y ganadores a realizar una gira de agradecimiento a militantes y simpatizantes.

Así se hizo.

Morales, siguiendo las órdenes del gobernador, mandó “desconectar” al partido y se autoexilió en Miami por espacio de mes y medio.

El caso de Puebla fue único.

En otras entidades en donde había gobiernos emanados de otros partidos, el triunfo de Peña sirvió para fortalecer a la militancia y a los simpatizantes tricolores a tal grado que fueron un auténtico y efectivo contrapeso al poder de esos mandatarios.

Oaxaca, por ejemplo, en donde el priismo inmediatamente le plantó cara a Gabino Cué  y logró arrebatarle la gubernatura del estado.

Aquí, por el contrario, a pesar de haber ganado en 2012, 12 de los 16 distritos federales locales, el PRI tomó decisiones que jugaron electoralmente en su contra en el marco del proceso local de 2013, en donde prácticamente entregaron el estado.

El penoso papel de los legisladores de ese partido en asuntos de importancia radical como el proceso de redistritación, las facilidades que aquí se dieron para favorecer la conformación de una nueva mega-coalición antipriista con el voto a favor de las ridículas modificaciones a la ley electoral local y la elección del servil y morenovallista consejo del Instituto Electoral del Estado, son algunos ejemplos.

La debacle electoral fue, por lo mismo, vergonzosa.

Es claro que la infiltración del PRI por parte del gobernador tuvo como objetivo el sembrar la discordia y el encono en el tricolor poblano y de esta manera, ampliar su capacidad de interlocución y negociación con un presidente de la República que tuvo en el entonces mandatario “panista” poblano, un valioso y efectivo aliado incondicional y no un enemigo político.

Hoy, la coyuntura cambió, el enemigo es otro y es de un tamaño considerable, por lo que Moreno Valle y sus aliados intentarán a toda costa reparar en parte lo mucho que rompieron.

Revivir al PRI que ellos mismos mataron.

¿Les alcanzará?

 

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