20-06-2018 12:27:24 PM

El PRI goza de cabal corrupción con Estefan

Por Alejandro Mondragón

 

En un próspero negocio ha convertido Jorge Estefan Chidiac al Comité Directivo Estatal del PRI, donde la venta de candidaturas se realiza sin el menor pudor.

 

Es el sello del dirigente estatal priista, amparado por el padrinazgo del candidato presidencial, José Antonio Meade, quien le permite hasta sablear a la militancia.

 

Por supuesto, el abanderado a la gubernatura, Enrique Doger, ahora tendrá que lidiar con el malestar de la militancia que se siente timada por una dirigencia voraz.

 

Ejemplos sobran, pero aquí le van algunos.

 

Por instrucciones de Estefan Chidiac, el secretario de Organización, Gerardo Mejía, tuvo la brillante idea de ofrecer las candidaturas para las 217 presidencias municipales, a partir de encuestas.

A cada aspirante le cobrarían 50 mil pesos para someterlo a un sondeo con una empresa que sólo ellos sabían cuál era y de quién es. De acuerdo con estimaciones, por alcaldía hubo al menos tres participantes, entonces la cantidad aportada fue de 150 mil pesos.

 

Si se multiplican por 217 presidencias municipales, se tiene un jugoso sablazo de 32 millones 550 mil pesos.

 

¿Dónde quedó ese dinero?

 

El problema es que, todavía después de que se dieron a conocer los nombres de los ganadores de las candidaturas por el método de “encuestas Charbel, Mejía y Asociados”, a algunos tuvieron que bajarlos de la contienda.

 

Están documentados 17 casos, a través de las fe de erratas que se tuvieron que emitir, luego de que no faltó quien diera más dinero para cambiar a los ganadores de la primera encuesta. No mamar.

 

¿Cómo diablos hará Doger para prometer un combate a la corrupción, cuando en su propio partido se atraca de esa forma?

 

No tardan en empezar las manifestaciones de militantes, en el mejor de los casos, porque en el peor se irán con el Frente o Morena.

 

El desaseo ha llegado a tal extremo que durante los exámenes en la sede del PRI, como requisito para participar en la disputa de las diputaciones también hubo chingaderas.

 

El enviado del CEN tuvo que arrebatarle el examen a la cetemista Delfina Pozos, porque llevó a otras personas a que le hicieran la evaluación, lo que provocó que la echaran del salón.

 

Es decir, no cumplió con el requisito estatutario, pero como era posición innegociable de su Leobardo Soto, líder de la CTM, entonces Estefan le permitió el registro para la diputación local en Zacatlán.

 

Su posición es impugnable, luego de que más de 200 priistas se dieron cuenta de lo tramposo que resultó en el examen.

 

¿Y el candidato Doger?

 

Bien de salud.

 

Eso no es todo en este desastre de partido.

 

Si la principal estrategia de la campaña es dejar en claro al electorado que Moreno Valle quiere imponer a Martha Érika y el tema del nepotismo y la dinastía familiar, pues Estefan y compañía están igual o peor.

 

Tres casos:

 

Lorenzo Rivera dejó la diputación federal para despachar como delegado de Sedesol, lo que permitió que el hijo de Leobardo Soto asuma su posición, como suplente, pero no lo va a hacer, toda vez que ya tiene el compromiso de convertirse en regidor en la planilla por la capital del estado.

 

El sobrino de Rivera deja la alcaldía para postularse como candidato a diputado federal, mientras que el hijo será plurinominal local.

 

Otra: Blanca Alcalá Ruiz. La embajadora en Colombia aparecerá en la lista de legisladores federales por la vía plurinominal, su hija Karina Romero Alcalá es abanderada a legisladora federal por el distrito 12, en tanto Edgar Chumacero, yerno de una y marido de otra, será regidor.

 

Y pues Leobardo Soto lo mismo hace con su familia.

 

Lo más grave para el partido es que Estefan le vendió a Antorcha Campesina 20 candidaturas a presidentes municipales, además de que los dirigentes ocuparán diputaciones locales y federales y Juan Celis será el suplente de Lastiri.

 

Jorge, claro que sabe que Antorcha Campesina se convertirá en partido, por lo que gozará de posiciones privilegiadas en el PRI para después dejarlas, gracias al dirigente priista.

 

Y todo esto porque José Antonio Meade se lo permite.

 

¿Y Enrique Doger?

 

Bien de salud.

 

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