20-06-2018 12:16:57 PM

AMLO y sus huestes poblanas

Por Valentín Varillas

 

“No te metas en Puebla”-le dijo contundente Andrés Manuel López Obrador a su operador político, el senador de la República Rabindranath Salazar.

“Rabi”, como le dicen sus más cercanos, tenía la encomienda de diseñar y echar a andar la estrategia de obtención de votos a favor del candidato de Morena en estados como Morelos, Guerrero, Ciudad de México, Tlaxcala y por supuesto Puebla.

Lo anterior, se dio al término de la intensa gira de precampaña que el famosos Peje llevó a cabo por distintos municipios del estado en cinco días y en la que Salazar fungió cono auténtico coordinador.

No se vaya con la finta, la gira fue un éxito rotundo.

Los poblanos respondieron con enorme entusiasmo ante la presencia y discurso de López Obrador, quien gozó de lleno completo en prácticamente todos los lugares en donde se presentó.

Más bien, la extraña recomendación de AMLO fue en el sentido de alejarse de la cúpula del partido poblano y de su principales “liderazgos”, reducir la relación a su mínimo necesario y dejar que los ciudadanos sean los que en las urnas levanten su proyecto presidencial y arrastren a los demás candidatos que compiten por posiciones en el estado.

Andrés Manuel se quedó sorprendido por la enorme división que existe entre quienes llevan las riendas del partido, los inminentes candidatos a cargos de elección popular y demás personajes con influencia y peso específico real en la toma de decisiones del partido que jura representar a la genuina izquierda poblana.

Se trata, en los hechos, de un auténtico “todos contra todos”.

La versión actualizada del tradicional proceso de canibalismo interno que ha caracterizado, históricamente, a la izquierda en Puebla y que la ha condenado a ser un convidado de piedra en el reparto del pastel del poder político local.

La misma que ha ganado mucho desde la clandestinidad y casi nada desde la institucionalidad.

Además de las grillas, la gira le dejó a Andrés Manuel severas dudas sobre si los perfiles elegidos para competir en Puebla son los más adecuados, en términos de congruencia discursiva y de tener la capacidad de cumplir con el reto que implica maximizar el potencial de votos de Morena, en un estado muy importante por lo que puede llegar a aportar al padrón nacional.

Dos casos los consideró como “muy preocupantes”: el de Luis Miguel Barbosa, inminente candidato a gobernador y el de Alejandro Armenta, quien integrará el primer lugar de la fórmula que intentará llegar al Senado de la República.

Del primero, lo sintió con un discurso y una personalidad “muy planos”, con poco carisma y quien por más que lance golpe tras golpe, estos no tienen el mismo impacto que si fueran dados por alguien que se acercara más a la imagen que Morena vende en su propaganda electoral.

Además, a pesar de las constantes pruebas de amor que Barbosa ofrece a la cúpula de Morena, esta parece no creer todavía, al 100 por ciento, que su enemistad con Rafael Moreno Valle sea lo suficientemente auténtica como para blindarlo de un posible cañonazo de millones, a cambio de dejarse perder.

Sin embargo, el ex perredista fue elegido a través de este surrealista método que ensaya Morena, que tantas dudas arroja en términos de su transparencia, pero sobre todo, de su capacidad para poder elegir a los perfiles de mayor competitividad electoral.

Nunca apareció Luis Miguel en el primer lugar de las encuestas conocidas, pero al final resultó candidato.

De Armenta, a López Obrador no le gustó nada el estilo: “demasiado priista”-concluyó.

Tal vez influido por su pasado, el que conoce plenamente y a cabalidad, el tabasqueño no acabó de empatar con la personalidad y discurso del todavía discípulo de Mario Marín Torres.

“Se mueve como priista, habla como priista y gesticula como priista”.

Por cierto, “El Peje” cuestionó también dónde había quedado la promesa de Alejandro de sumar “toda su estructura y operadores” a favor de la causa de Morena.

Y es que, más allá del mayoritario apoyo popular que se desbordó por la presencia de AMLO en municipios poblanos, lo cierto es que, en la parte de la operación electoral, el partido de la izquierda nacional presenta todavía un déficit importante, lo que lo pone en desventaja con respecto a otros partidos.

Un detalle le faltó confesar a Armenta, antes de que experimentara aquella epifanía política que lo hizo renunciar al tricolor y formar parte de quienes ofrecen “la honestidad valiente” como eje central de su proyecto de gobierno: la estructura que les vendió Armenta, como espejitos, no es de él, pertenece todavía al ex gobernador Marín y para amarrarla, será necesario repartir posiciones a lo que queda de su grupo.

Posiciones que han sido ya rechazadas varias veces por el único que toma las decisiones al frente del Movimiento de Regeneración Nacional.

“Pues así ¿cómo?”-diría el clásico.

En este contexto, todo parece indicar que el desempeño electoral de la izquierda en Puebla, dependerá en gran medida de la manera en la que los electores voten por Andrés Manuel y que éste pueda catapultar a otros perfiles que, de no ser por él, no tendrían ninguna oportunidad de ganar.

Vale la pena recordarlo, para evitar que se cuelguen medallas inmerecidas quienes, en los hechos, no tendrán mayor mérito en los triunfos que podrían venir.

Ya lo sabe: de oportunistas está lleno el reino de la política.

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