23-06-2018 04:53:30 AM

Meade: a robarse la elección

Por Valentín Varillas

 

Presa de la desesperación que significa no levantar, ni en las encuestas, ni en el ánimo de un electorado potencial que lo coloca, invariablemente en el tercer lugar de las preferencias, el virtual candidato del PRI a la presidencia, José Antonio Meade, reveló involuntariamente la estrategia que van a seguir para que esta camarilla que tanto daño le ha hecho al país siga despachando desde Los Pinos.

En su gira de fin de semana por el estado de México, ante el priismo al que “se lo debe todo”, el abanderado tricolor reconoció implícitamente que, ante la falta de respaldo popular a su proyecto, el objetivo será imponerse a sangre fuego.

Y la única vía posible para lograrlo será el fraude electoral.

Es evidente que esto no lo reconoció abiertamente, sin embargo, una y otra vez, en su discurso puso como ejemplo la “victoria” de Alfredo del Mazo en la cuna del grupo Atlacomulco.

¿Y cómo ganaron esa elección?

Pues a través del robo descarado, personificado en las más sucias artes de la política y el servicio público.

Sí, con el sello de la casa.

El desarrollo de la elección en el Estado de México se ha convertido en el arquetipo del fraude electoral moderno y sienta las bases de lo que podría suceder en este 2018.

Sí, la maquinaria está aceitada y ha pasado la prueba del ácido al haberle servido de forma implacable a los intereses políticos del grupo en el poder.

El vendido árbitro de la contienda mexiquense, toleró el descarado desvío de recursos públicos para fines electorales, el abierto proselitismo de funcionarios federales a favor del entonces candidato del PRI, la obscena sustitución de funcionarios de casilla por mapaches electorales tricolores y lo peor: el manoseo al sistema de cómputo utilizado para contar los votos, que estuvo previamente programado para sumarle a Del Mazo y restarle a Delfina.

¿Existe la confianza ciudadana en el nuevo encargado de llevar a buen puerto la presidencial de julio?

Evidentemente no.

En este contexto ¿cómo carajos confiar en el resultado?

¿Quién va a creer en el triunfo de un candidato diferente a Andrés Manuel López Obrador, si ha existido evidencia irrefutable de que se opera ya un complot institucional para afectarlo políticamente?

Lo anterior, en los hechos, resulta muy peligroso.

El tabasqueño no tiene garantizado el triunfo en las urnas, falta mucho para llegar a ese escenario, si es que se da.

Es evidente que hoy va arriba en todas las encuestas publicadas y que es el auténtico enemigo a vencer de la contienda.

Sin embargo, puede perder en buena lid y el antecedente de la elección mexiquense jugará en contra de la legitimidad de quien resulte triunfador.

Y lo peor: la falta de confianza en la legalidad del proceso puede avivar la inconformidad social a tal magnitud, que prenda los focos rojos de la gobernabilidad nacional.

En su afán de poder y de seguir manteniendo los jugosos negocios que se hacen a su amparo, el presidente y su pandilla parecen no entender que este país no aguantaría ya otro fraude electoral y que las consecuencias de un nuevo proceso que no cuente con la credibilidad y la certeza ciudadanas, puede ser la chispa que encienda la mecha de una revuelta social, no necesariamente pacífica.

 

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