23-06-2018 10:50:22 AM

Las pruebas de amor de AMLO

Por Valentín Varillas

La República Amorosa “pejista”, sigue integrando a sus filas a personajes con un pasado político diametralmente opuesto al que hoy vende el puntero en la puja presidencial en el discurso, que no combinan con lo que ofrece concretamente a un electorado ávido de un radical cambio de derrotero en el país.

Puebla ha sido un ejemplo muy claro de lo anterior.

Se trata de antiguos “pecadores” que han encabezado furibundos ataques contra López Obrador -en pensamiento, palabra, obra y omisión- y que han alcanzado el perdón absoluto del mesías, a través de distintas pruebas de amor que obsequiosos le ofrecen.

El caso más reciente es el de Violeta Lagunes, la ex panista que pretende convertirse en la candidata a la alcaldía de la capital por Morena.

Atrás quedaron los rencores por la forma en la cual a “cocacolazos”, la diputada federal impedía junto con su bancada que se tomara la tribuna por parte de legisladores de izquierda y se impidiera la toma de protesta de Felipe Calderón, una vez consumado el monumental fraude electoral del 2006.

Ahora, después de sufrir una extraña epifanía política, intenta que la única mano que mueve realmente el Movimiento de Regeneración Nacional crea que su absoluta reconversión es real.

Para eso, se ha ofrecido a ser la más feroz crítica del morenovallismo y del actual gobierno estatal, encabezado por Tony Gali.

Su apoyo al interior de Morena es Fernando Manzanilla, quien ha puesto a su disposición todo el catálogo de grabaciones que llevaron a cabo los espías al servicio de Rafael Moreno Valle, con el objetivo de detonarlas en campaña.

Según los estrategas electorales de la izquierda poblana, se trata de “materia prima muy valiosa para la guerra electoral”.

Los primeros guiños ya los dio Lagunes en días anteriores, mostrando el tipo de adversaria que pudiera ser.

Juran los enterados que falta la prueba de amor final, la que tendrá que ofrecerse a los dioses muy pronto, ya que los tiempos están encima.

¿Le alcanzara?

Luis Miguel Barbosa pasó también por un periplo similar.

La manufactura de su nominación se dio hace meses, en el mismo momento en el que, en su cuenta en Twitter, el poblano manejó que, a pesar de ser perredista, apoyaría el proyecto presidencial de López Obrador.

El mensaje, como era de esperarse, despertó la ira de la nomenclatura del partido del Sol Azteca, quien aplico los mecanismos contra la “traición”, considerados en sus estatutos e inició los respectivos procedimientos en materia de impartición de justicia interna.

Antes del resolutivo final, Luis Miguel se les adelantó anunciando su renuncia a un partido en el que ya no tenia cabida.

Parte de los compromisos suponían el trasladar a Morena el capital político y la capacidad de operación de Barbosa, a través de la captación de algunos de sus incondicionales.

Así se hizo y faltan todavía más.

La segunda parte de la estrategia tenía que ver ya directamente con Puebla.

Sabedores de la enorme cercanía política y de amistad que Barbosa tenía con Rafael Moreno Valle y de los amarres de alto nivel que ambos ensayaron para mutua conveniencia, inclusive en lo económico, una ruptura clara, contundente y sin ambigüedades era necesaria.

Paralelamente, había que dejar correr a otro perfil, el de Enrique Cárdenas, que cargó por un espacio de tiempo con la etiqueta de “favorito”, para poder medirlo y ver hasta dónde podía crecer en términos de rentabilidad electoral.

El resultado dejó mucho que desear.

Los primeros números indicaban niveles poco competitivos como para plantarle cara al morenovallismo y lo peor, mostraban un máximo potencial insuficiente inclusive para sumarle un importante número de votos en Puebla al proyecto presidencial de Andrés Manuel.

La prueba de amor final fue aquella conferencia de prensa, llevada a cabo en el Senado de la República, en donde Barbosa denunció públicamente los alcances de la red de espionaje operada en Puebla en el sexenio de Moreno Valle.

Un golpe directo al centro neurálgico de la operación política bajo tierra del ex gobernador y la exposición de una potencial traición a aliados estratégicos de altísimo nivel incluidos en la lista de espiados.

Un tema que, además, se mantuvo vigente por varios días en redes sociales y medios de comunicación a nivel nacional e internacional, lo que le reportó una serie de impactos negativos a la imagen de quien pretendía ser candidato presidencial.

Ganada la confianza con un madrazo de semejantes alcances, Morena abrió la posibilidad de optar por una campaña de confrontación clara, que tendría como eje central los ataques directos contra Rafael.

Y así fue como Barbosa se ganó la nominación.

Lo que no queda claro aún, es qué señales de certeza darán quienes integren la larga lista de candidatos a Morena a los distintos cargos de elección popular que estarán en juego en el proceso de julio.

Por ejemplo, la fórmula del senado.

Los marinistas Alejandro Armenta y Nancy de la Sierra, lejos de deslindarse públicamente de su padrino, político y de bodas, respectivamente, muy en corto lo buscan para recibir consejos y asesoría.

Es más, han contactado a antiguos aliados y operadores, que todavía viven de recursos y asignaciones amarradas por Mario Marín, para que se sumen al trabajo electoral a su favor, vendiendo que lo hacen porque tienen el aval del “patrón”.

Su tema ha sido medido con una muy extraña, pero a todas luces diferente vara política.

Faltan más, muchos más, pero ya se saben el caminito.

Pruebas de amor y pasar por el manto protector de AMLO, para que cualquier pasado político, por más bizarro que sea, quede en el olvido por los siglos de los siglos.

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