23-06-2018 10:59:11 AM

Los renglones torcidos de Lalo

Por Valentín Varillas

Uno de los principales acuerdos que se dieron, una vez que se concretó la alianza entre Rafael Moreno Valle y Eduardo Rivera Pérez, se centra en que será el ex gobernador del estado quien lleve, al cien por ciento, la estrategia de operación electoral de la fórmula panista que competirá por la gubernatura y la presidencia municipal de la capital.

Todo, absolutamente todo lo que tenga que ver con las acciones que se implementen en aras de obtener votos para los abanderados del blanquiazul, será responsabilidad absoluta de quienes han fungido como asesores del morenovallismo.

Esto implica que, los mismos que se encargaron de darle forma al proceso legal que el Congreso llevó a cabo en contra de Rivera y responsables además de la madriza mediática en su contra, trabajarán para que repita como huésped principal de Palacio Municipal.

¿Paradojas de la política?

Más bien una convenenciera amnesia, que bajo la óptica de la lucha por el poder puede ser justificable, pero que desde la evaluación del ser humano, podría interpretarse fácilmente como la falta de la más elemental dignidad.

Y es que, los nuevos aliados de Lalo, en su afán de exhibirlo, no respetaron nada, absolutamente nada y alegres brincaron la intocable barrera de la vida personal.

Con particular entusiasmo, se metieron con su familia y arremetieron contra sus hijos con impresionante saña, violando un protocolo básico que regula las relaciones, no solo entre políticos, sino entre las personas en general.

Ir hoy de la mano en un proyecto conjunto con quienes lo atacaron, vilipendiaron y golpearon, resulta un penoso aval implícito a cada crítica, a todas y cada una de las líneas publicadas y al total de los adjetivos endilgados a él y a los miembros de su círculo más íntimo.

¿Eso vale un proyecto político?

La respuesta implica caer en el plano de lo ambiguo, del más absoluto relativismo.

Para algunos sí, para muchos otros: jamás.

Por eso, no encajan los términos que ha utilizado Rivera Pérez para tratar de explicar su tan sui-generis decisión.

A falta de argumentos concretos, que alcancen para explicar la monumental aberración, Lalo habla de “victorias morales”, de “mover almas” cuando no puede haber inmoralidad mayor que se metan públicamente con tu familia y es difícil pensar en una peor afrenta al alma que tolerarlo.

Ni moralidad, ni misticismo; simple conveniencia política y al precio que sea.

Lamentable.

¿Cómo verse en el espejo después de esto?

¿Cómo explicar ante los suyos que es el poder por el poder mismo?

Hay altísimas probabilidades de que la fórmula de la coalición PAN-PRD-MC gane las posiciones de mayor importancia que se pelearán en Puebla el primer domingo de julio próximo, entre ellas, por supuesto, la alcaldía de la capital.

¿Cómo podremos confiar los ciudadanos en alguien que al final toleró la ofensa máxima, la peor imaginable, la que va mucho más allá de cualquier agravio de tipo político y acabó entregándose, rindiéndose, ante los caprichos de sus ofensores?

Si ustedes pueden, buena suerte.

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