23-06-2018 11:07:08 AM

Morena, en busca de estructura

Por Valentín Varillas

 

Uno de los retos importantes para el partido de la izquierda mexicana, en el caso de Puebla, va a ser el de darle forma, en tiempo récord, a una estructura de operación que le permita obtener la mayor cantidad de votos posibles en la mayor parte del territorio poblano.

Sobre todo, en aquellos municipios que más aportan al padrón electoral local.

Esto, sin duda, parece titánico.

Morena no cuenta con presencia en todo el estado y le faltan adeptos que tengan experiencia en las sucias artes de la movilización, el acarreo y demás actividades que en los hechos resultan fundamentales para la obtención de votos.

Por ello, desde hace meses, han buscado los más diversos aliados en aras de resolver semejante problema.

La mayoría por cierto, pertenecen o pertenecieron al marinismo y fueron muy importantes en la consecución de triunfos políticos durante el último sexenio priista en Puebla.

En entidades en donde se conoce poco el trabajo de quienes serán candidatos a los cargos de elección popular, tanto federales como locales, los acercamientos han sido constantes y en algunos casos, intensos.

En la mayoría de ellos, sin embargo, se ha dificultado mucho el llegar a acuerdos concretos ya que, según quienes han sido tentados de virar hacia la zurda en este 2018, los representantes del partido de López Obrador piden mucho y ofrecen de verdad muy poco.

Me explico.

Quieren que ex presidentes municipales, ex diputados, empresarios y personajes que gozan de influencia y popularidad en su comunidades de origen, se sumen gustosos al tan cacareado cambio que venden las huestes “pejistas”, sin que reciban a cambio la oportunidad de pelear por una candidatura, ya sea para ellos, o bien para alguien de los suyos.

No los dejan perfilar posiciones propias y les proponen dedicarse en cuerpo y alma a sumar su capital político y económico a favor de terceros que, en la mayoría de los casos ni siquiera conocen.

Si bien en el terreno de lo ideal, esto sería posible, analizado desde la óptica de la práctica política real, lo anterior parece poco menos que imposible.

En esta utopía máxima política, visible en algunas líneas del discurso de AMLO, buena parte de quienes han sido invitados a sumarse en este 2018, han optado por rechazar y de manera contundentemente, semejante oferta.

Por cierto, no resulta contradictorio que los discípulos de López Obrador busquen a marinistas para colgarse de su estructura, a pesar del enorme rechazo que el tabasqueño ha mostrado siempre por el ex gobernador de Puebla.

Mucho más en pleno escándalo de las conversaciones con Kamel Nacif sobre el caso Lydia Cacho.

Un par de consabidos y convencidos marinistas formarán parte de la fórmula que pretende llegar a la cámara alta del legislativo federal, nada menos que una de las posiciones más importantes en el presupuesto electoral nacional de Morena.

En este contexto, no es difícil que las metas en términos de estructura no puedan cumplirse.

Los propios operadores del partido reconocen que les falta más del 30% del territorio poblano por cubrir.

Por lo tanto, sería lógico concluir que Morena no tiene tampoco la cantidad de gente necesaria para tener presencia y cuidar la totalidad de las casillas que se instalen el primer domingo de julio próximo.

La posibilidad de fraude, o bien de explicar una probable derrota utilizando la teoría del fraude, no es descabellada.

Es más, luce como un escenario con muy altas probabilidades de concretarse.

Fue la justificación en el 2006, en el 2012 y en los procesos electorales estatales en donde se esperaba una victoria de la izquierda.

¿No va siendo hora ya de darle forma a un efectivo remedio contra esto?

¿Una estrategia propia de contención y prevención del robo de elecciones?

Si ya saben cómo se las van a hacer, es increíble que se las sigan haciendo.

¿O no?

Si partimos del hecho de que López Obrador y sus posiciones en los estados en donde habrá elecciones, van a enfrentar a un grupo político muy malo para gobernar, pero muy bueno para imponer sus intereses electorales, al margen inclusive de la voluntad popular y que es la última oportunidad para que el eterno aspirante amarre el sueño presidencial, lo anterior resulta, otra vez, un auténtico suicidio.

Si les vuelven a ganar, es evidente que no aprendieron nada o bien que en los hechos, ha resultado más benéfico ganarlo todo, perdiendo la elección.

No, no hay contradicción alguna.

Usted me entiende.

 

 

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