19-06-2018 01:43:21 AM

Lozano: el doble juego

Por Valentín Varillas

 

No, la nota no es que Javier Lozano haya abandonado el Partido Acción Nacional.

Un instituto político en donde no se formó, y cuya ideología y principios fustigó como priista, en decenas de discursos pronunciados como aspirante a una diputación federal tricolor en aquel año 2000; el de la supuesta alternancia en el país.

Lo realmente interesante en el caso Lozano es el falso desmarque que se intentó vender desde las redes sociales, de la figura de su jefe y amigo, Rafael Moreno Valle.

El show comenzó con un mensaje en su cuenta de Twitter, segundos después de que el ex gobernador poblano subiera un video en donde anunciaba oficialmente que no se registraría para participar en el proceso interno blanquiazul para elegir a su candidato a la presidencia.

El senador, citando la parte del discurso de Rafael en donde comenta que la decisión de no competir por la nominación la había tomado junto con su familia, equipo de trabajo y colaboradores, se quejaba amargamente de no haberse enterado con antelación de la medida y que por lo tanto, asumía que él no formaba parte ni de su equipo de trabajo ni de sus colaboradores.

En una relación política sana, normal, lo anterior podría ser un asunto meramente anecdótico.

De acuerdo a la forma en la cual Moreno Valle ensaya las relaciones de poder con los suyos, lo que hizo Lozano debería de ser considerado como una declaración de guerra y una atenta invitación a la más abierta confrontación.

En los hechos no lo es.

Lozano no traga lumbre.

Le debe mucho, muchísimo a Rafael, inclusive su llegada al Senado después de que en el 2012 se ensayó desde Casa Puebla una estrategia de alquimia electoral que modificó, en tiempo récord, el escenario de los comicios federales.

Un comportamiento atípico de votación, jamás visto antes en procesos electorales.

Es más, para la historia quedó grabado aquel mensaje en Twitter en donde Javier reconocía de antemano que las preferencias en las boletas no le favorecían y que quedaría rezagado a un triste tercer lugar en la contienda.

Vender públicamente un rompimiento que en realidad no existe, trae beneficios concretos para ambos.

De entrada, Rafael le da una aparente prueba de lealtad a Anaya y al resto de la cúpula panista, que hoy siente que los intereses políticos del poblano están mucho más cerca de Los Pinos, que del edificio ubicado en Avenida Coyoacán, allá en la Colonia del Valle.

El “sacrificio” de quien se ha erigido como uno de los más grandes críticos del inminente candidato presidencial, le suma puntos y puede formar parte de los acuerdos naturales y la negociación que ya se da entre las cabezas de los dos grupos más fuertes que interactúan al interior del partido que representa a la derecha nacional.

Por otro lado, ya con la incorporación oficial de Lozano a la campaña de José Antonio Meade, Moreno Valle gana un interlocutor adicional a los que de por sí ya tiene muy cerca del abanderado tricolor.

Alguien que sume a la defensa de sus intereses electorales y a la interlocución efectiva, en un momento coyuntural en donde panistas y priistas tienen claro quién es su enemigo a vencer y los enormes costos que para ellos implica una potencial –hoy muy probable- victoria de la izquierda.

El reparto del pastel que tiene como prioridad única para el morenovallismo, ganar todo lo que esté en juego a como dé lugar.

Y ya vimos que, para lograrlo, están dispuestos a todo.

Inclusive a ensayar burdas puestas en escena como ésta.

Ordinarios.

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