Inés Saturnino, de carne y hueso

Por Valentín Varillas

 

No, la violencia política que se ejerce en contra de mujeres regidoras en el municipio de Tecamachalco no es un hecho aislado que responda a una problemática específica o particular.

Se trata, sin embargo, de las consecuencias de la peculiar personalidad y el peligroso estado psicológico del presidente municipal, Inés Saturnino López Ponce.

Un pequeño dictador que pretende ejercer facultades de semi-Dios, en el diminuto universo de poder que le fue otorgado y que bajo esa retorcida premisa entiende el mundo que lo rodea, actúa y toma decisiones.

La semana pasada, esta especie de Napoleón, con actitudes de auténtico neandertal (no espero que el edil entienda esta analogía), pretendió censurar un video en Youtube, en donde se exponía con toda contundencia la misoginia que ensaya en su relación con las mujeres que son parte de su cuerpo edilicio

No lo pudo hacer.

El caso fue expuesto por la reportera Ruby Soriano en su cuenta de Twitter.

De inmediato, empezaron a surgir las reacciones.

Usuarios le cuestionaron el intento de censura y el trato poco digno que como autoridad le ha dado a las regidoras de su municipio.

 

Contrario a lo que pudiera parecer, los mensajes enviados a la cuenta de Inés Saturnino fueron críticos, pero siempre dentro las líneas generales del respeto.

No fue así con las respuestas del presidente municipal.

Con una dificultad mayúscula para hilar dos frases coherentes y con una ortografía y sintaxis dignas de un alumno de segundo de primaria, optó por la cerrazón, la negación y la descalificación como eje central de su fallida defensa en redes sociales.

 

Al quedarse sin argumentos, fue víctima de una especie de esquizofrenia tuitera, en donde empezó a atribuirle múltiples personalidades a los titulares de las cuentas desde donde salían los mensajes más críticos.

 

Lo verdaderamente grave del tema es que, según López Ponce, él no ha hecho nada malo, su conducta ha sido intachable y las acusaciones concretas en su contra, además de las contundentes pruebas son simplemente una leyenda; como la de La Llorona o  el Chupacabras.

Increíble.

 

 

Las razones que pudieran explicar la conducta de un personaje como este son muchas y muy variadas.

Seguramente encontraríamos pistas desde la óptica de la psiquiatría, la sociología, la antropología, la cultura y hasta de su historia particular.

Los estudiosos de estos temas concluyen que, invariablemente, los traumas y las vivencias personales se potencializan, para bien o para mal, cuando se ejerce un cargo público o una posición de poder.

Lo malo es que, al interior de los partidos políticos, no existen mecanismos internos efectivos para evitar que perfiles así, aspiren y lleguen a puestos de elección popular, en donde su decisiones tienen repercusión en la vida de miles de personas.

 

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