23-06-2018 11:08:55 AM

Meade y la militancia priista

Por Valentín Varillas

 

No, no fue un cuento de hadas.

Al margen de la línea dictada desde Los Pinos a los distintos sectores priistas para sumarse a la cargada a favor de la inminente candidatura de José Antonio Meade a la presidencia y cumplir así con los ritos que manda la liturgia del tapado, lo cierto es que la forma en la cual Enrique Peña Nieto operó la designación del ungido no cayó nada bien en la gran mayoría de la militancia priista.

Se trata, según su óptica, de una más de las muchas imposiciones cupulares que el grupo cercano al presidente toma para beneficio particular y no para quienes juran “haberse partido la madre por años” por el bien del partido.

La molestia que se sintió el día de ayer, fue creciendo a medida que se conocía la estrategia que va a implementar la dirigencia nacional tricolor, para evitar que alguien más se inscriba en el proceso interno de selección del candidato.

La medida, tiene como destinataria principal a Ivonne Ortega, ex gobernadora de Yucatán y ex secretaria general priista, quien ha manifestado públicamente en varias ocasiones su rechazo a que el PRI compita en el 2018 con un candidato que no sea producto de un proceso interno en donde participen activamente sus militantes.

Por dos vías principales intentarán ponerle un alto.

La primera, tiene que ver con el requisito de validación del número de firmas de apoyo necesarias para poder inscribirse y competir en el proceso.

Se planea una revisión con lupa de nombres y rúbricas para considerar como “no válidas” a la mayor parte y volver prácticamente imposible su consecución.

A la par, se echará a andar un sutil, pero a la vez contundente esquema de “convencimiento por las buenas” de perfiles y liderazgos que no ven con malos ojos la competencia interna y la posibilidad de que Ortega gane la nominación en buena lid.

La segunda, se centra en el hecho de que Ivonne, como la enorme mayoría de los militantes del tricolor, no está al corriente en el pago de su cuotas partidistas y por lo tanto no podría ser considerada para aspirar a un cargo de elección popular.

Esta es una de las estrategias más utilizadas por todos los partidos para marginar a personajes incómodos del reparto de candidaturas, cada vez que se acerca una coyuntura electoral importante.

Por eso, Ortega se preparó y ha intentado ponerse al corriente en sus adeudos, sin que hasta el momento esto haya sido posible.

Y es que, en el colmo del surrealismo, no ha podido sortear todas las trabas burocráticas que le han impuesto desde la dirigencia nacional para cumplir con el trámite.

Ochoa Reza confirma así, una vez más, su vocación de peón de Peña.

¿Conclusión?

Facilidades absolutas y plenipotenciarias para los eternos y obstáculos insalvables para los de casa.

Bendita congruencia.

Es evidente que la imposición se dará, que pase lo que pase Meade será el candidato y que la élite que hoy controla al PRI prefiere morirse con uno de los suyos antes que abrir la baraja y perder el control de la sucesión.

La consecuencia natural será la fractura.

Los opositores a la candidatura de Meade -muchos con un peso específico real en los procesos de obtención de votos para el tricolor-, creen que el actual grupo en el poder llegó y se mantuvo en lo más alto del poder político nacional bajo criterios netamente monetarios, que usaron la primera magistratura para realizar millonarios negocios personales a su amparo y que lo que menos les importó fue cuidar el costo de sus acciones en aras de mantenerse en la presidencia de la República por lo menos un sexenio más.

Miles de ellos han sido ya afectados por la indiferencia -y en algunos casos la traición- del gobierno federal a “su partido” en los procesos electorales celebrados en el 2016 en 13 estados del país.

Y lo peor, los priistas ajenos a la burbuja de Peña, no tienen cabida en el Plan B de la sucesión presidencial, que supone alcanzar pactos cupulares de altísimo nivel con otras fuerzas políticas para garantizar impunidad por los siglos de los siglos.

Ante este escenario, no descarte que en pleno proceso se detonen las inevitables traiciones al interior de la campaña de Meade o que se lleve a cabo un éxodo masivo de liderazgos -similar al del 88- que debilite aún más la propuesta tricolor.

 

 

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