Martha Érika, a la congeladora

Por Alejandro Mondragón

 

En la parte más alta del cerro de Amalucan, donde se pretende construir un jugoso proyecto inmobiliario ecológico, empezó a ser cercada porque ahí se instalará una cafetería que manejará la familia Alonso.

 

Sí, la de Martha Érika, la secretaria general del PAN y aspirante sin cuajar a la candidatura del Frente Ciudadano por Puebla.

 

No termina de consolidarse porque el proyecto presidencial de su esposo, Rafael Moreno Valle, entró en un tobogán. Unas veces arriba, las más, abajo.

 

El morenovallismo tiene en el método por eliminación su única carta; es decir, Margarita Zavala dejó de ser competencia interna, ahora nada más falta que se vaya Ricardo Anaya. Es su lógica.

 

Mientras, Moreno Valle vuelve a meter freno al proyecto a la gubernatura de su esposa, porque con el otro pie acelera para llegar al reparto final en el Frente.

El problema es que deja a Martha Érika sin discurso, presa de versiones como la de los negocios en el Cerro de Amalucan o los excesos de su hermano Florentino Alonso en el ámbito gubernamental.

 

La de Moreno Valle es una cruzada complicada, porque si, como se perfila en medios, José Antonio Meade figura como la carta del PRI a Los Pinos, ¿qué carajos hará el poblano y su grupo?

 

Y es que por encima de Rafael, siempre estará José Antonio. De ese nivel, es el compromiso con su operador en el peñismo, quien le abrió las puertas y lo obligó a perdonar todos los pecados a Jorge Estefan Chidiac.

 

Meade es el candidato del amasiato morenovallista con el peñismo, cuyo financiamiento de campaña saldrá de dos vías: El Grupo Atlacomulco que controla todas las finanzas estatales, vía concesiones y PPS, y los gobiernos locales que recibirán en 2018 jugosos presupuestos, etiquetados en reconstrucción.

 

Así, Moreno Valle en su perverso juego nacional para traicionar al PAN, mientras la candidatura de Martha Érika se supedita a lo que el patrón decida. En una esas la manda al Senado.

 

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