“Jefe Diego”, el pragmático camaleón

Por Valentín Varillas

 

Extraña, parece ser a simple vista, le decisión de Ricardo Anaya de elegir a Diego Fernández de Ceballos como su representante ante el Frente Ciudadano por México y, por lógica, apuntalarlo como el favorito para llevar las riendas estratégicas de su proyecto presidencial.

Y es que, desde hace años, el famoso “jefe Diego” ha sido uno de los grandes defensores de los intereses políticos del exgobernador Rafael Moreno Valle, incluso en sus horas más oscuras.

Cómo olvidar la defensa mediática que realizó a favor del entonces gobernador de Puebla, en plena crisis por el asesinato del niño indígena José Luis Tehuatlie Tamayo a manos de policías, en la comunidad de San Bernardino Chalchihuapan en el 2014.

Es más, juran los enterados que Moreno Valle contempló seriamente la posibilidad de contratar la asesoría jurídica del despacho de Fernández de Cevallos, en caso de que pudiera haber implicaciones legales que lo afectaran directamente.

El año posterior, en el marco del proceso electoral federal, el “jefe Diego” se unió oficialmente al grupo de porristas de Rafael.

Al ser parte de los invitados especiales del desfile del 5 de mayo, declaró alegremente a todos los medios locales y nacionales, que estaba absolutamente “impresionado” por el programa de obra pública llevado a cabo hasta ese momento por el gobierno estatal.

No se animó, sin embargo, a profundizar sobre si lo hecho como gobernador, perfilaba a Moreno Valle como uno de los favoritos del panismo para aspirar a la candidatura presidencial.

Eran los momentos álgidos para el morenovallismo, meses después de que la CNDH echara por tierra la inverosímil teoría del cohetón y exhibiera la manipulación institucional con la que se intentaba encubrir a los asesinos materiales e intelectuales de José Luis.

Las porras regresaron un par de años después, en el marco del último informe de gobierno de Rafael.

Aplicando un poco el entendible martirologio, Fernández de Cevallos dibujó al todavía gobernador como una “víctima” de los injustos poblanos.

A pesar de que durante seis años aplastó a disidentes y opositores y gozó como nadie de una prensa incondicional que jamás lo tocó con la menor crítica, en la óptica de quien es considerado como uno de los más sólidos liderazgos panistas, Moreno Valle merecía ser elogiado y alabado –todavía más- como un gran líder, precursor de la Puebla moderna.

En ese momento, Fernández de Cevallos le servía al gobierno estatal y al municipal de la capital como poderosísimo e influyente “asesor” en los más diversos temas.

Por todo esto llama la atención que hoy el “jefe Diego” se la juegue con Anaya.

Es cierto que habrá algunos que digan que Anaya creció políticamente a su amparo y que eso genera lazos indestructibles y prácticamente permanentes.

Otros apelarán a la empatía ideológica y formativa entre ambos personajes, algo que no existe con un Rafael -formado en los sótanos de la política priista- y que tiene todavía un peso específico real en la determinación de alianzas en el mundo de la derecha nacional.

Sin embargo, el panismo nos ha enseñado también su cara más pragmática.

La del dinero fácil y las atractivas prebendas a cambio de los más diversos favores.

Si realmente se la va a jugar por el proyecto presidencial de Anaya, el “jefe Diego” tendrá que ser un adversario perfecto, demoledor para Moreno Valle, que quiere lo mismo.

Es un juego de suma cero en donde la victoria de uno significa necesariamente la derrota del otro.

No hay más.

Si quiere que su cachorro sea candidato, Fernández de Cevallos tendrá que desdecirse de las loas y alabanzas a Rafael y olvidar los tan rentables favores mutuos que durante años compartieron.

¿Se puede eso?

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