Huachicol, la bomba de tiempo

Por Valentín Varillas

 

Tarde o temprano, el escándalo generado por las complicidades existentes entre autoridades poblanas y las bandas de delincuentes dedicadas al robo de combustible, iba a afectar la imagen del ex gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle.

Y vaya que así fue.

El misil mediático, detonado por el periódico Reforma, pegó de lleno en la línea de flotación del buque del ex poblano con precisión quirúrgica.

Se equivocan quienes piensan que el objetivo es pegarle a sus aspiraciones presidenciales.

Esas, en el presupuesto morenovallista, sucumbieron desde hace semanas.

Así se esperaba.

Los números, bajo cualquier óptica y línea de análisis de plano no alcanzan para pelear seriamente la nominación y definir un perfil fuerte que combata frontalmente a López Obrador.

En este contexto y desde hace meses, los asesores y operadores del ex gobernador, desarrollan una estrategia que tiene como punto central el maximizar los beneficios de bajarse de la puja por la candidatura a la presidencia.

El objetivo real, el verdadero, el que desde el inicio fue planteado, consiste en quedarse con el control absoluto de Puebla.

En lo político y en lo económico.

Esa es, ha sido y será, la auténtica joya de la corona.

Por eso, el que se ventilen públicamente los amarres y acuerdos que se dieron en el sexenio anterior entre autoridades y huachicoleros, resulta demoledor para quien sea el candidato o candidata del morenovallismo al gobierno del estado.

Al igual que en el 2010, el próximo año se llevará a cabo una campaña en donde el objetivo en términos de ataques y golpeteos será Rafael y qué mejor materia prima para la guerra sucia que el vínculo con grupos criminales.

El tema da para alimentar el morbo, no solo de los enemigos del poblano enquistados en otros partidos o fuerzas políticas nacionales, sino al interior del mismo PAN.

Por eso, no resulta extraño que el madrazo mediático de ayer haya sido celebrado con enorme júbilo en la oficina principal del CEN blanquiazul.

Sí, los agravios entre Anaya y Moreno Valle son enormes y de índole personal.

Las ofensas y exabruptos del pasado de plano no se olvidan, siguen vigentes y serán cobrados, todos, con particular intensidad.

Hoy son enemigos irreconciliables y bajo esa lógica se mueven.

Para nadie es un secreto el hecho de que Ricardo Anaya culpe a los operadores políticos de Moreno Valle de haber exhibido, también en medios, el lujoso e inexplicable nivel de vida del que gozan él y su familia en los Estados Unidos.

También ayer, Anaya fue golpeado con saña en El Universal, diario que aporta datos concretos sobre los bienes y riqueza del líder partidista.

Los madrazos han calado hondo en el círculo político y personal más íntimo del queretano, quien en su momento juró que se vengaría  de su compañero de partido.

Tal parece que esa venganza ya empezó y que dista mucho de darse por concluida.

Llama la atención que en el mismo día, dos enemigos irreconciliables hayan sido sujetos  aun golpeteo de tal magnitud.

Parecería que sus respectivos operadores en medios tuvieron conocimiento previo de lo anterior y lanzaron sus respectivos obuses con el fin de anular los del contrincante.

Es evidente que habrá repercusiones en lo político.

Viene el intento desde el Comité Ejecutivo Nacional de empoderar a los grupos de panistas “duros” en Puebla, con el objetivo de generar contrapesos efectivos al grupo de Rafael, que tiene el control absoluto del centro neurálgico de toma de decisiones del partido en Puebla.

En esta lógica se entiende también la decisión de Anaya de ordenar una profunda revisión del padrón de militantes panistas –en donde se concentra la fuerza real del ex gobernador- lo que ha tenido como consecuencia una disminución de  cerca del 45% a nivel nacional.

En el caso de Puebla, los miembros reales de Acción Nacional han bajado de casi 33 mil a solo 19 mil después de la depuración.

Demoledor.

Las caretas han caído y por más mensajes de unidad que puedan enviarse en uno y otro sentido, la profunda división que existe en el PAN y los saldos de sus luchas internas, debilitarán a un partido que hoy tiene la posibilidad real de regresar a Los Pinos.

Mientras, “el Peje”, con palomitas en mano, disfruta del espectáculo.

Y lo que falta por ver.

 

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