14-07-2020 05:43:55 PM

RMV: las alianzas rotas

Por Valentín Varillas

Los operadores, aliados y aplaudidores profesionales del ex gobernador Rafael Moreno Valle, ya celebran en estado de contemplación gozosa la decisión de panistas y perredistas de sentar las bases para la posible conformación de un frente común para enfrentar de mejor manera –según ellos- el proceso electoral del próximo año.

En su lógica, quien cumple a cabalidad los requisitos para encabezarlo es, faltaba más, el poblano.

“Influencia y presencia en el blanquiazul y en el Sol Azteca, además de las excelentes relaciones que hasta la fecha mantiene con el presidente Peña, la mano que mece la cuna de semejante amarre”-argumentan.

Los más extremos, juran que a este bloque anti-AMLO se sumará el PRI, una vez que se concrete la derrota tricolor en el estado de México.

Y entonces sí, presidencia segura.

Sin embargo, vale la pena repasar los alcances reales y las consecuencias que han tenido las alianzas –muchas y de lo más diversas- que Moreno Valle y su grupo han ensayado como eje central de su estrategia para ganar elecciones.

Han sido en realidad únicamente eso: acuerdos cortoplacistas armados para obtener triunfos electorales, con fecha de caducidad, que no se han planteado un proyecto conjunto de gobierno.

Llama por eso la atención el hecho de que, en sus primeras declaraciones después de conocer el acuerdo PAN-PRD, Moreno Valle pida un proyecto conjunto de nación y presuma un supuesto gobierno coalición que realidad jamás existió.

Sus aliados -más allá de su círculo íntimo- se han quedado en el camino y hoy no lo acompañan en la definición de su futuro político.

La victoria en el 2010 se logró, entre otras cosas, gracias a la capacidad de ir tejiendo amarres con distintos actores políticos que en su momento sumaron esfuerzos en aras de sacar al PRI de Casa Puebla.

La gran mayoría de ellos se fue quedando en el camino y transitaron de la incondicionalidad al agravio.

¿Qué tal el caso de los Calderón?

El ex presidente y su esposa fueron fundamentales en el otorgamiento de los apoyos políticos y económicos necesarios para ganar el estado.

La operación del gobierno federal se dejó sentir con fuerza y sirvió para reforzar los de por sí cercanísimos lazos del candidato poblano con el magisterio encabezado entonces por Elba Esther Gordillo.

Hoy, los Calderón son el estorbo principal del sueño presidencial del gobernador.

¿Y qué me dice de Ernesto Cordero?

Como Secretario de Hacienda se sumó gustoso a la cruzada anti-PRI encabezada por Moreno Valle y después de la victoria del “cambio” en Puebla, se aseguró de que no existiera ningún obstáculo presupuestal al inicio del sexenio, para empezar a dar resultados desde el primer día de la administración.

El hoy senador se dice traicionado por el morenovallismo, ya que le fueron negados los apoyos cuando contendió por la dirigencia nacional del PAN enfrentando a Gustavo Madero.

Por cierto, con Madero la relación es prácticamente inexistente, después de que el morenovallismo operó y le metió 400 millones de pesos a su reelección en mayo del 2014.

Es nulo el vínculo con César Nava, quien, como líder nacional del PAN, fue el primero en destapar al entonces senador Moreno Valle como candidato del blanquiazul al gobierno del estado de Puebla.

¿Y qué me dice de Ricardo Anaya?

El queretano está ya en la lista de enemigos irreconciliables, con todo y que el ex gobernador de Puebla y su gente juraban que despacha en la silla principal del CEN blanquiazul “gracias a ellos” y que en teoría iba a ser el gran apoyo del proyecto presidencial.

En el caso de la derecha poblana, los damnificados son varios.

Desde Eduardo Rivera Pérez hasta Rafael Micalco, pasando por Francisco Fraile, Humberto Aguilar Coronado, Juan Carlos Mondragón o Miguel Ángel Mantilla.

Todos se fueron quedando al margen del circulo íntimo que conformó el centro neurálgico de la toma de decisiones oficiales en estos seis años.

Con miembros de otros partidos que integraron la alianza que sumó al triunfo de Rafael, sucedió igual.

Ahí están los casos de Luis Miguel Barbosa Huerta, Miguel Ángel de la Rosa Esparza o el de Eric Cotoñeto Carmona.

También José Juan Espinosa entra en esta categoría.

Miembro del morenovallismo desde aquellos tiempos de la Secretaría de Finanzas, el JJ fue un aliado para sumar a Movimiento Ciudadano a favor de los intereses electorales del mandatario.

A través del esquema de “candidatura común”, se colgó de la estructura oficial de operación del gobernador y logró la presidencia municipal de San Pedro.

En teoría, su partido habría sumado algo en aras del triunfo de Tony Gali en la alcaldía de Puebla en ese 2013.

Hoy, hipnotizado porque alguien le dijo que podía ser candidato a la gubernatura, juega a ser crítico de quien lo hizo y formó políticamente.

Es evidente que, en la coyuntura en la que ya juega Moreno Valle, a su círculo de intereses se integrarán varios y muy diversos personajes.

Imposible no hacerlo, si se pretende que sea exitoso un proyecto de semejantes alcances.

Unos sumarán, otros no.

Si la logra, ¿cuántos de los que en su momento fueron sus aliados acabarán igualmente defenestrados al momento de ganar la elección?

En este contexto, ¿cómo quedaría el famoso y tan cacareado frente amplio?

Seguramente roto, como el resto de sus supuestas alianzas.

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