Moreno Valle y los sectores radicales

Por Valentín Varillas

Al igual que Donald Trump en los Estados Unidos, en el proyecto político presidencial del gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, los sectores radicales de nuestro país ocupan un lugar de altísima importancia.

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Los asesores políticos del gobernador Moreno Valle saben perfectamente que el segmento de votantes potenciales que verían con buenos ojos su candidatura presidencial se encuentra entre los grupos más conservadores del país.

Estos grupos no necesariamente se encuentran entre la militancia y los simpatizantes del Partido Acción Nacional.

Se trata de personajes de muy alta influencia en la toma de decisiones políticas y económicas del país, que se ponen a temblar al plantearse seriamente la posibilidad de que experimentemos en México un cambio radical en lo político, que pudiera poner en riesgo sus intereses.

Para ellos, la mano dura en el aplacamiento violento y contundente de los sectores progresistas significa el tener “gobiernos fuertes” a quienes, en su opinión, no les tiembla la mano la aplicación irrestricta de la ley.

Esos sectores que se ponen a temblar cuando ven el posicionamiento real de Andrés Manuel López Obrador en las encuestas rumbo al 2018.

En este contexto, no es difícil explicar la lógica del endurecimiento en las medidas de gobierno tomadas por Rafael Moreno Valle como mandatario estatal.

La “Ley Bala”, el asesinato del niño José Luis Tehuatlie Tamayo, el encarcelamiento y persecución de opositores, son modestos ejemplos de lo anterior.

Estas medidas tomadas por el gobernador de Puebla no deben ser consideradas como casuales, sino producto de una muy estudiada estrategia de posicionamiento político para atraer a estos grupos conservadores.

Como le comentaba hace algunos meses, Moreno Valle gasta millones de dólares en pagar empresas integradas por estrategas de clase mundial.

No es difícil que estos estrategas primermundistas hayan detectado que en México existe la percepción de que los actuales gobiernos, en sus diferentes niveles, son por decir lo menos “débiles” y en algunos casos hasta rehenes de protestas sociales con reivindicaciones distintas.

Quizá por eso, el gobierno de Puebla ha hecho todo lo posible por mostrar su cara más dura.

Sus principales figuras, lejos de cuidar las formas, han hecho apología de violencia, beligerancia oficial y del control que ejercen sobre poderes en teoría independientes, niveles de gobierno supuestamente autónomos e instituciones que tendrían que estar ajenas a su ámbito de influencia.

Para ellos, la viabilidad política del “proyecto” bien vale el haberse ganado, con toda justicia, el mote de gobierno represor.

¿Quién iba a decirlo?

Trump y Moreno Valle, antagónicos en apariencia, pueden tener mucho más en común de lo que usted y yo imaginaríamos.

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