La cruzada contra Josefina

Por: Valentín Varillas

La inclemente madriza mediática desatada contra Josefina Vázquez Mota hace un par de días, debe leerse bajo la óptica de los severos movimientos que se viven al interior de Acción Nacional, de cara a la elección de su candidato(a) a la presidencia.

La paternidad del ataque descansa en los Calderón, el grupo que considera llevar mano en el proceso.

Para Felipe y Margarita, resultó intolerable la negativa de la quien fuera candidata panista en el 2012 de competir por el Estado de México en la elección del próximo año y alargar la definición de su futuro político hasta el 2018.

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Ante el inminente pacto entre el grupo del ex presidente y del actual gobernador Rafael Moreno Valle –sellado en aquel programa televisivo de Loret de Mola-, Vázquez Mota se vuelve la rebelde del proceso.

Un perfil incontrolable que puede poner en riesgo la falsa tersura con la que se han movido los otros aspirantes a la candidatura y, sobre todo, el acuerdo por debajo la mesa con el grupo del presidente Peña.

Si, Vázquez Mota es hoy, contra todo pronóstico, la única que realmente puede descomponer a Acción Nacional, en un momento en donde tiene reales posibilidades de regresar a Los Pinos.

A la dupla Felipe-Margarita le preocupa, entre otras cosas, las alianzas que Josefina ha tejido con algunos panistas como Carlos Medina Plasencia, Vicente Fox y hasta el propio Ricardo Anaya, hoy único receptor de las críticas de los presidenciales blanquiazules.

Además, con Vázquez Mota está cancelada de facto la posibilidad de llegar a acuerdos.

En el caso de los Calderón, siguen vivos los enormes agravios que se generaron en aquella fallida campaña presidencial.

A la panista, el entonces presidente y su grupo la abandonaron a su suerte por amarrar el pacto que ocasionó el regreso del PRI al gobierno federal.

Los ataques y vejaciones contra su compañera de partido fueron de una rudeza innecesaria.

Éstos fueron operados en su gran mayoría por Roberto Gil Zuarth, su propio coordinador de campaña, quien se movía bajo la lógica de los intereses de su jefe, Calderón, y no de la candidata a la que se supone tendría que cuidar.

Los constantes errores en el desarrollo de eventos de campaña y su enorme repercusión en medios no fueron casuales.

Cada uno de ellos fue fríamente calculado para herir de muerte las aspiraciones presidenciales de la panista y condenarla al tercer lugar de la contienda.

Sí, hay cosas que no se olvidan.

Como seguramente tampoco olvida Josefina el trato poco cordial que tuvo del gobernador poblano panista, en la misma campaña.

Moreno valle acordó con el priismo sumar esfuerzos a favor de Peña Nieto, quien por cierto no fue el candidato presidencial que más votos tuvo en el estado.

La línea oficial de Casa Puebla, hacia el ala morenovallista del PAN, iba en el sentido de sabotear los eventos y actividades de Vázquez Mota a lo largo y ancho del territorio estatal.

Únicamente las huestes del panismo tradicional, encabezadas por el entonces alcalde de la capital, Eduardo Rivera, abonaron al proyecto de Josefina.

Muy poco pudieron hacer.

Impensable un potencial acuerdo con el grupo del todavía gobernador poblano.

El no poder apelar al pragmatismo para meter en cintura a Vázquez Mota va a ser un factor que modificará la correlación de fuerzas en ese partido.

Es evidente que las posibilidades de que Josefina sea la candidata son casi nulas, pero su capacidad de desestabilización crecerá a medida que se acerquen las definiciones en el PAN.

Viene lo mejor.

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