23-06-2018 05:03:53 AM

Manlio, quedó a deber

Por: Valentín Varillas

No, no fue lo que los priistas esperaban.

Es más, ni siquiera se acercó.

El tan anhelado discurso de Manlio Fabio Beltrones, tlatoani de la casta tricolor nacional, en Puebla, no cumplió con las enormes expectativas generadas.

Se esperaba un ataque frontal, inmisericorde.

Una retórica incendiaria salpicada de denuncias concretas, señalando directamente, por su nombre y sin ambigüedades, al responsable de los abusos, omisiones, yerros y demás monstruosidades mencionadas en el mensaje de la candidata.

Ni siquiera eso les regaló el bravo líder partidista.

Muy diferente al encendido discurso que obsequió en Oaxaca, en donde prefirió hacer acto de presencia al inicio de las hostilidades el pasado domingo.

Beltrones acompaña a Blanca

Aquí optó mejor por la comodidad de los lugares comunes, el confort de las frases hechas.

No se quiso comprometer a más.

Tal vez, pensando mal, alguien de muy arriba pudo haberle recomendado no ir más allá.

Cumplió, eso sí, con los requisitos básicos del papel que tiene que jugar como jefe de la actual familia revolucionaria:

La promesa de la victoria, el infaltable levantón de brazo, los gritos y las porras que al final del evento intentaron soportar un ánimo generalizado que peleaba por sobrevivir.

Los propios priistas lo reconocieron en corto: “el evento daba para mucho más”.

La desilusión es, sin embargo, entendible.

Y es que, la llegada de Manlio Fabio al CEN del PRI significó para muchos la luz al final del túnel, la inyección de coraje y virilidad que necesitaban para buscar dejar atrás la patética sumisión que han mostrado en más de cinco años de ser “oposición”.

Esa sumisión que los llevó, entre otras cosas, a ser cómplices de la aprobación de buena parte de las políticas públicas y disposiciones oficiales que hoy no solo critican, sino que forman parte de la columna vertebral de la campaña de Blanca.

Es imposible hablar de una derrota cantada.

La lucha electoral vive apenas sus primeros días.

Es verdad, empero, que en el juego de la política, percepción es realidad y en ese terreno, por lo menos, la candidata ha llevado todas las de perder.

Además, la forma y el fondo del estreno de Beltrones en la campaña poblana, refuerza aquella teoría del pacto que supone la entrega de la plaza al morenovallismo a cambio de futuros apoyos al presidente Peña para enfrentar con mayor solidez la complicada coyuntura electoral del 2018.

Si resulta que Manlio no es en los hechos ese guerrero indómito que hará hasta lo imposible por regresar a su partido a Casa Puebla, a los priistas poblanos no les quedará ya más nada a qué aferrarse.

okvale

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