10-07-2020 06:58:43 AM

Destellos de simbolismo priista

Por: Valentín Varillas

La formas y prácticas del más puro estilo priista se vieron ayer por primera vez en años y enmarcaron el registro de Blanca Alcalá como precandidata al gobierno del estado de Puebla.

El mensaje que se intentó mandar fue claro: “no más sumisión ni miedo al morenovallismo”.

Por eso regresó el acarreo, con el consecuente alardear de un aparente buen poder de convocatoria.

Por eso la larga caminata por las calles de la capital.

Por eso la presencia de liderazgos del partido a nivel nacional, aunque opacada por la monumental ausencia del tan venerado tlatoani tricolor, Don Beltrone.

Por eso el supuesto cierre de filas de las diferentes tribus locales, al grado de darle cabida a impresentables como Mario Marín y a traidores al priismo como los Morales Flores.

La virtual candidata dejó bien claros los tonos de la campaña tricolor y quién será el receptor de los mensajes.

Blanca Alcalá rodeada de seguidores

Por primera vez, abiertamente y sin medias tintas, se atrevió a atacar frontalmente al gobernador Moreno Valle y a las más controversiales acciones tomadas a los largo de su administración.

Confirmó así que la campaña poblana será confeccionada al más puro estilo de Manlio Fabio y que si quieren recuperar Casa Puebla tendrán que ir con todo, sin reservas y pase lo que pase.

Es evidente que se buscará detonar el anti-morenovallismo latente en algunos sectores sociales en un intento por sumar votos ajenos al del perfil de su votante tradicional.

Sin embargo, buena parte de esta inconformidad es probable que no se incline a favor de la oferta priista y que sea aprovechada por otros partidos o por alguna opción independiente.

El reto del PRI poblano, más allá de la forma, será volverse a conectar en lo electoral.

Una vez que perdieron la elección en el 2010, desde la oficina principal de Casa Puebla se echó a andar una estrategia para aniquilar al partido en lo político.

“Reducirlo a su mínima expresión para que no sea una amenaza”, fue la consigna.

De ahí que desde el poder se infiltró al tricolor.

Fernando Morales, hoy flamante subsecretario de gobernación del gabinete de Moreno Valle, fue quien recibió la encomienda.

Desde la presidencia del Comité Directivo Estatal poblano desarticuló buen parte de la estructura generadora de votos “invitando” a operadores priistas a cambiar de camiseta y sumarse a los intereses electorales del régimen.

La sangría no fue menor e incidió en la posterior catástrofe del 2013.

Ahora, la verdadera esperanza del priismo poblano está en el apoyo del gobierno federal.

Saben que sin la estructura y recursos de las instancias que dependen directamente de Los Pinos, no hay manera de ganar la elección.

De ahí que magnifiquen espaldarazos e interpreten a favor señales y mensajes encriptados.

La ilusión es directamente proporcional a lo que se juega en las urnas.

Una derrota sería condenarlos al ostracismo por varios años más.

La victoria en junio sentaría las bases para repetir en el 2018 y de paso abonar a los intereses presidenciales, ayudando a la continuidad en un estado que suma una buena cantidad de votos al padrón nacional.

La forma, por lo que vimos ayer, será fácil de cumplir.

El fondo, por otra parte, implicará un reto monumental.

Más que titánico.

abajovale

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