La increíble y triste historia del cándido PAN poblano y su tutor desalmado -Parte 1

alpie17

Efectivamente, contraje el virus de la Influenza AH1N1. Nunca supe cómo ni dónde, pero he pasado los últimos 10 días encamado, tomando antibióticos y el mentado Tamiflu (que andaba escaso pero luego fue resurtido).

El problema social de salud ya es digno de tomarse en cuenta –sin caer en psicosis- pues hay más contagios de los que las autoridades estatales (y federales, obvio) quieren aceptar… o ni siquiera están enteradas. No queda más que cuidarnos nosotros mismos.

Pero sí agradezco de corazón a todos los que me han llamado, enviado mensajes por twitter, por Facebook, por whatsapp, por PIN de BB o por msn. Creo que ya vamos saliendo, aunque pasarán algunos días más para retomar al 100% todas las actividades.

No, no me retiré por amenazas (jajaja)… sino por la amenaza de la perversa Influenza en mi salud. Aquí seguiremos dando lata y jodiendo bonito a los políticos corruptos, prepotentes o mentirosos.

Aquí vamos otra vez. Reloaded.

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Abusé –para mi columna- del título de una de las novelas (cortita) de García Márquez para hacer referencia a lo que sucede en el pobre PAN poblano (y creo que nacional también), a raíz del término de gestión de Eduardo Rivera Pérez como Alcalde de la capital poblana y la llegada de Antonio Gali al mismo cargo.

Hagamos un poco de historia (como es mi terrible costumbre).

El PAN fundado por Manuel Gómez Morín en 1939 era un partido testimonial: En sus orígenes no se planteó llegar al poder porque para sus fundadores eso lo pervertiría y convertiría en un instrumento de poder. Pero eso cambió con el paso de los años.

En 1955 fue fundada la Organización Nacional del Yunque, justo aquí en Puebla y como resabio de las viejas luchas cristeras en México, actualizadas para entonces en su pugna contra la “conspiración judeomasónica” tan de moda en los años de la Guerra Fría.

Sus fundadores no solo crearon una organización de ultraderecha, sino que también se propusieron influir en la Iglesia Católica post Concilio y crearon una Orden Religiosa –los Cruzados de Cristo Rey, hoy ya modificado su carisma y arrepentidos de haber sido más políticos que sacerdotes- y naturalmente, meterse de lleno a la vida política mexicana para “instaurar el Reino de Dios en la tierra” (desde luego el Yunque también creó su propia Universidad –la UPAEP-, pues todas las demás privadas no eran “verdaderamente cristianas”).

El instrumento para esto último –aun cuando hubo diversas opiniones, algunas de las cuales decían que no era necesario meterse a un solo partido sino a todos- lo encontraron en el Partido más afín a sus principios: Acción Nacional (que respetaba más o menos la Doctrina Social de la Iglesia en sus Estatutos). El PAN pues, no fue fundado originalmente por el Yunque, sino utilizado por la Organización a partir de los años 70´s del siglo pasado para sus fines de inmiscuirse en la vida política nacional.

Los primeros en meterse al PAN, por órdenes giradas en las Juntas del Yunque –que ya controlaba para entonces los principales organismos empresariales del país- fueron empresarios con recursos y con inquietudes políticas. Para los años 70´s –insisto- los “bárbaros del Norte” nutrían ya las filas blanquiazules. Su momento culminante fue la candidatura presidencial en 1988 de Manuel de Jesús Clouthier –Maquío- cuando el partido ya estaba controlado por manos yunquistas.

Por supuesto, en Puebla el proceso fue igual. El viejo PAN de los Cañedo o los Bravo y Cid de León, fue literalmente invadido a partir de los años 80´s por empresarios de derecha, formados en el Yunque y en la UPAEP, para revigorizar sus luchas contra el perverso PRI que monopolizaba el poder desde la Revolución Mexicana.

Así llegó al PAN poblano Francisco Fraile, Chepe Salgado y familia, Ricardo Villa Escalera, Luis Paredes, los hermanos Vera Arenas, una guanajuatense muy dicharachera que provenía de la ANCIFEM llamada Ana Teresa Aranda de Orea y toda una camada de egresados de la UPAEP de todas las carreras (aunque después abundaron los egresados de Ciencias Políticas, como los hermanos Espina Von Roehrich, Mary Carmen Rodríguez Alvarez, Humberto Aguilar Coronado, Felipe de Jesús González Camarena, Héctor Riveroll (+), Lourdes Bayona, Jacobo Berra, Israel Gallegos Candiani, César Marcelino León Ochoa, José Antonio Rosas Amor y un largo etcétera… hasta llegar a personajes como Eduardo Rivera Pérez).

Todos coordinados desde las Juntas orgánicas nocturnas de la UPAEP y el Instituto México, donde los líderes reales del Yunque poblano (y nacional) decían qué hacer y qué decir en el PAN. Todas esas cabezas que siguen ahí, que algunos nunca se afiliaron al PAN pero continuaron dando órdenes a todos los “cuates”: José Antonio Quintana, Mario Iglesias García Teruel, los hermanos Rodríguez Posada, Antonio Sánchez Díaz de Rivera, los hermanos Rodríguez Concha, la familia Regordosa, Alfonso Prieto (quien hasta hoy sigue resguardando el Archivo del Yunque) y varios más (a nivel nacional Carlos Abascal Carranza, Bernardo Ardavín Migoni, Luis Pazos, Jorge Kalfópulus, y los “12 apóstoles de la Ultraderecha” de los que habló en su momento el asesinado Manuel Buendía).

La lucha panista –ahora controlado por las cúpulas yunquistas- contra el “PRI-Gobierno” llegó a su culmen en los años 90´s del siglo pasado. Por el pragmatismo salinista (y porque realmente mucha gente ya estaba hasta la madre del PRI, es cierto), algunos candidatos del PAN ganaron Gubernaturas y Alcaldías importantes en el país (el final de la lucha nacional culminó en el año 2000 con el arribo de Vicente Fox a la Presidencia de la República…. pero no era militante del Yunque, ni tampoco Felipe Calderón, éste último antagonista, incluso).

Fue así como en 1995 ganó en Puebla el PAN con Gabriel Hinojosa Rivero. Aunque ciertamente de derecha, pero no militante del Yunque, Hinojosa ganó más por el hartazgo de los ciudadanos hacia el PRI que por una buena campaña. El PAN yunquista colocó a algunos de sus alfiles en ese primer gobierno municipal, pero nunca logró someter totalmente a Hinojosa Rivero. Después de una gestión blanquiazul no muy buena, el PRI recupera la Alcaldía con Mario Marín Torres (1999-2002).

La segunda oportunidad y anhelo yunquista de conquistar totalmente el poder, llega con la candidatura del Arquitecto Luis Paredes Moctezuma (2002-2005). Paredes sí pertenecía al Yunque, aunque era catalogado como “desobediente y loco” por los dirigentes poblanos. Marín no había hecho una mala gestión, pero luego de una creativa y polémica campaña, Paredes logra ganar a un gris candidato priísta y mete a trabajar al Ayuntamiento a una larga lista de militantes del Yunque… aunque sus líderes nunca lo reconocieron.

Un Yunque ya era Alcalde de Puebla… pero desobediente y nunca del agrado de los dirigentes poblanos (por su “vida disipada”, que no era otra cosa que la misma vida de todos los Yunques poblanos, que pecan toda la semana a escondidas para confesarse los domingos). El Presidente del Comité Directivo Estatal del PAN poblano para entonces es Eduardo Rivera Pérez.

Paredes realizó una polémica gestión, nuca reconocida en positivo por los propios militantes del PAN, quienes a decir de su entonces líder poblano: “se avergonzaban de que Paredes proviniera de su partido”. El PRI luego les gana con Enrique Dóger (2005-2008) y con Blanca Alcalá (2008-2011).

Pero el sueño del Yunque llegó a ser realidad en 2010. Gracias a la ola morenovallista, a los miles de votos golondrinos traídos por el SNTE (quizás más de 25,000 en Puebla capital), a las traiciones de los operadores del PRI que se vendieron a Moreno Valle, al desprestigio marinista y a una pésima campaña priísta, Eduardo Rivera Pérez gana la Alcaldía de Puebla para el PAN nuevamente.

No. Lalo Rivera no ganó porque haya sido un buen candidato. Ese cuento lo ha divulgado hasta en conferencias en Washington, D.C. (donde ha pantereado que “remontó más de 20 puntos en las encuestas”…), pero aquí sabemos la verdad. Fue una combinación y suma de todo lo que ya dijimos lo que generó la derrota del PRI y su candidato Mario Montero… nunca el “carisma” de Lalo.

Y esto último no lo digo yo. Me lo dijo un candidato llamado Rafael Moreno Valle Rosas, quien me preguntaba en aquel entonces cuál de los precandidatos panistas a la Alcaldía le traería más votos (Humberto Aguilar Coronado o Eduardo Rivera). Cuando le dije que Beto Aguilar estaba un poco mejor posicionado en las encuestas que Rivera Pérez, me confesó: “¡Eso es lo que yo digo, pero los panistas no me quieren entender!… ¡Me va a hacer perder!” (entrada del Edificio donde se encontraban las oficinas de Miguel Ángel de la Rosa, entonces líder del PRD en Puebla).

Aaaay, recuerdos, recuerdos.

Esta historia continuará…

latempestad

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