Bailo para él

Cada noche él entraba por la misma puerta que lo hacían mis clientes.

Trabajo desde que tengo 12 años. Soy morena y con un culo que a muchos vuelvo loca. Mis senos son duros y grandes. Y mis labios inferiores se expanden cuando me caliento. Me gusta bailar, dicen que lo hago muy bien. Y bueno, a mis clientes les encanta.

Cuando estoy en el escenario me viene una sensación que me traslada frente al mar. Tocando la arena con mis pies.

Siento el viento sobre mis muslos y me excita. Por eso cuando bailo cierro los ojos. Me dejo llevar por la lujuria propia de mi excitación.

Bailo para mí, pero también para ellos. Y ahora solo bailo para él. Cuando sé que está ahí mojo hasta mis ansias.

La primera vez que pidió un privado me enamoré. Estaba ahí sentado. Tocaba su miembro mientras yo baila para él.

Me iba quitando cada prenda con movimientos eróticos. Danzaba como lo hacen las hembras para atraer al macho. Él sacó su pene y comenzó a hacer movimientos de arriba para abajo.

Yo me colgaba del tubo mientras mi clítoris me pedía ese miembro fuerte y duro.

Como gata en celo me abría frente a él. Hasta que se acercó a mí.

Le puse las nalgas en su boca. Y él con su lengua comenzó a lamer mis líquidos.

A succionar mis labios. Jamás me la habían mamado tan rico. Jamás me habían hecho sentir orgasmos que disfruté tanto.

Casi  siempre soy yo la que termino haciendo todo a mis clientes. Pero con  él, no.

Era diferente. Traté de darle gusto para mamarle su polla. Y no me dejó.

Me puso frente a él. Abrió mis piernas y comenzó a succionar de tal manera que olvidé para qué estaba yo ahí.

Su lengua entraba y salía de mí. Disfrutaba mis líquidos, se los tragaba todos. Yo lo veía y disfrutaba la escena. Mientras él me lamía todo mi coño. Yo me lamía mis senos ardientes y erectos.

Esa lengua entraba y salía de mis huecos. Hasta deshacer mí historia. Me hacía olvidar mi nombre. Y me trasladaba a al mismo lugar de cada noche. El mar y la arena.

Todas las noches él pedía su privado conmigo. Y yo le baila con mis mejores movimientos para calentarlo. Se me hacía raro que jamás pidiera una mamada de mi parte. No, él Estaba ahí para complacerme. Para que yo me viniera muchas veces en su boca, en su lengua.

Por eso cuando comenzaba el show yo esperaba que él llegar para comenzar a volar e ir por los lugares más maravillosos a los que me  transportaba con su lengua.

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