18-06-2018 02:06:27 PM

La hora del receso

eros01

Voy a saltarme todo el rollo del tipo “la noche anterior me puse a leer relatos y a ver porno y me mojé como una gatita -o perrita, como algunos/as me dicen- y como consecuencia de ello, llegué más que caliente a las clases de por la mañana en la universidad”.

Tras esperar más aburrida que un mono a que la segunda clase de la mañana terminase y así poder salir para disfrutar de mi muy “merecido” descanso, la clase finalizó al cabo de unos diez minutos y toda la clase inclusive yo salimos para afuera, pero en esto, mi joven y apuesto profesor pronunció mi nombre, llamándome y diciéndome que precisaba de hablar un segundo conmigo y yo como buena alumna, me acerqué obediente a su mesa.

eros01Mi profesor no era un tipo normal, estaba buenísimo, era guapo y además estaba casado, todo ello parecía estar diseñado para aumentar mi morbo. Yo siempre he sido un bomboncito de niña, para qué engañarnos y siempre tengo lo que deseo pero tengo que reconocer que las posibilidades de que mi profesor y yo terminásemos liándonos eran del todo nulas pues ya se sabe lo difíciles que son las relaciones en este ámbito.

Él me preguntó que qué me pasaba, que si había estado distraída durante la mañana y haciendo garabatos sin sentido en mi cuaderno… Traté de inventarme una excusa lo juro, pero no podía dejar de mirarle, ni a él ni a su postura pues estaba sentado con las piernas abiertas y sobre una de esas sillas que tienen ruedas al final. Me miraba y me pareció que no solo era yo la que precisaba de algo más.

Siempre he sido de las que dicen “quien no arriesga no gana” y como no se me ocurrió nada mejor en aquél instante, fingí que me caía el almuerzo al suelo y al ir al agacharme por él quedé arrodillada entre las piernas de mi querido profesor. Fingí estar avergonzada aunque quizás sí lo estaba, pero al ir a levantarme chaqueando la lengüa por no haber conseguido nada, él me detuvo colocando una de sus manos sobre mi hombro.

Nos miramos y entonces él se desabrochó con gran habilidad el cinturón, el botón del pantalón y la cremallera. Se desplazó al boxer hacia abajo y me dejó a la vista su semi duro pene.

Él no parecía inseguro y yo deseosa, enseguida me puse manos a la obra. Teníamos suerte ya que la puerta del aula estaba cerrada por lo cual nadie nos pillaría hasta dentro de unos minutos. Tomé su miembro con una de mis manos y lo froté un poco antes de lamer su punta con mi lengüa, haciendo círculos y notando entre tanto como él acariciaba mi cabeza. Lo introduje un poco dentro de mi boca y lo volví a sacar hasta que finalmente me lo tragué por completo. Movía mi cabeza hacia delante y hacia atrás y le escuchaba gemir, agradeciendo en silencio la humedad y calidez de mi boca y esa saliva que impregnaba todo su ya erecto y duro miembro.

Seguí con los mismos movimientos durante unos minutos más hasta que le noté vibrar y entonces… se corrió en mi boquita. Toda su rica leche me inundó la boca y fue pasando por mi garganta. Parecía relajado y yo aproveché para lamer la punta de su rica pollita para limpiarla de semen.

Yo estaba muy mojada, mis jugos vaginales resbalaban un poco por mis piernas, notaba mi coñito arder y deseaba que él me penetrase pero sabía que eso no podría ser. Él me ofreció un pañuelo para limpiarme tanto la boca como mi rico sexito y yo le guardé su pollita de nuevo en el pantalón. Después de eso nos besamos, jugamos con nuestras lengüas y nos intercambiamos los móviles para quedar algún día fuera del horario de clases. No fue mi primera mamada, pero fue una de las mejores, mi rico almuerzo que nunca olvidaré.

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